La Aurora... /
A 50 años de las primeras luces
Para inicios de la década de 1960 el paisaje de la zona del Daymán ya evidenciaba una profunda transformación a causa del inicio de la explotación del agua termal, hallada en el marco de las prospecciones petroleras que ejecutó ANCAP en la década anterior. Pero aquel desarrollo, sustentado en sí mismo, que tomó su ritmo propio y, afortunadamente, sigue siendo vigoroso, tendría un convocante aliado cuya incidencia nadie duda, aunque la cuantificación de su aporte resulte prácticamente imposible. De hecho, con el paso de los años ese factor no ha hecho más que consolidar su convocatoria y, en consecuencia, de manera más o menos directa, ha reforzado su impacto ampliamente beneficioso en el movimiento de la zona termal.
Un lugar que trasciende lo geográfico
Claro, la afirmación refiere a un lugar, que es mucho más que es eso. Quizás, especialmente en ese caso cabría el concepto tan promocionado por los agentes turísticos que alude a la vinculación de los sitios con experiencias; porque, allí, básicamente, y en general, se encuentran experiencias, incluso de manera independiente a la voluntad de hallarlas.
La Estancia La Aurora como ícono regional
No hay dudas de que la zona sita a pocos kilómetros de la capital del departamento de Salto, con el río de las piedras antiguas o piedras imán como emblema, tiene en la Estancia La Aurora un ícono, una referencia ineludible, un atractivo de relevancia que convoca con una amplitud muy particular. Queda claro que cuando referimos a la estancia, aludimos al único espacio que actualmente está abierto al ingreso del público: la gruta construida en honor al Padre Pío, excluyendo, expresamente, el predio familiar, dedicado a las actividades productivas, que, en la etapa fundacional, cuando comenzó la historia, sí estuvo abierto a las visitas.
Cinco décadas de un fenómeno singular
Sucede que, por estos días, en febrero de 2026, se cumplen 50 años de las primeras denuncias de la ocurrencia de manifestaciones de extrañeza, no ordinarias, de difícil explicación, en torno al campo de la familia Tonna Rattín y que, en general, tuvieron al recordado Ángel María Tonna, don “Toto”, como protagonista de primer orden, indiscutido. Aquellos sucesos, que hoy siguen dando mucho de qué hablar, que siguen despertando interés de una manera muy importante, incluso más allá de las fronteras del país, no sólo cambiaron para siempre lo que en condiciones normales sería el tranquilo ritmo de la vida del campo uruguayo, sino que condicionó la historia de una familia que ha convido de la manera más digno posible con todo aquello, traumático para cualquiera, mereciendo todo nuestro respeto, admiración y gratitud.
Peregrinos, búsquedas y espiritualidad
Es impactante pensar en los miles y miles de personas que a lo largo de estas cinco décadas han pasado por aquel lugar, tan cercano en todos los sentidos a los salteños. Provenientes de los lugares menos imaginables, en la primera etapa los peregrinos llegaron en procura de lo que se podría definir, básicamente, como el contacto. Desde 1987, con Padre Pío como referencia, en busca de sanación en todos los planos, aunque sin que mengüen las búsquedas vinculadas con supuestas consciencias de desarrollo superior al humano. Cuentan que al promediar la década de 1980 “Toto” comenzó a planificar la creación de un espacio de oración consagrado al santo de los estigmas, a partir de una idea mucho más humilde que el santuario que se terminó consolidando, y ya anunciaba que allí vendría “mucha gente a sanarse”.
Parte de la identidad cultural salteña
En la medida de lo posible, a lo largo de febrero, en el contexto de dicho aniversario, compartiremos algunas notas referidas a la historia mística o espiritual de un lugar que, más allá de las polémicas que siempre se pueden desatar, es, indudablemente, parte de la identidad cultural de los salteños, aunque, concretamente, esté emplazado en tierras del departamento de Paysandú.
Escasez de registros y miradas documentales
No existen muchos libros, ni documentos, en general, que tengan como propósito contar esa historia a partir de un interés estrictamente informativo, sin caer en la repetición de aseveraciones espectaculares, aparentemente no del todo fundadas, o, en el otro extremo, tendientes a desacreditar lo que allí podría haber sucedido o sucede. Entre los escasos aportes a los que podemos recurrir para avanzar en esa búsqueda, podemos citar el libro “LA AURORA más allá de las luces” que publicó en 2023 el periodista salteño Ramón Eduardo Rodríguez.
Testimonios y una historia sin versión oficial
Según el divulgador, “no existe un texto que pueda revestir la condición de versión oficial de los episodios vinculados con la historia espiritual de La Aurora. En el mismo sentido, carecemos de un registro riguroso de los hechos que convirtieron a un espacio que siempre ha estado destinado, de manera exclusiva, a las actividades agropecuarias como ‘meca’ regional del contactismo. En buena medida, esto se debe a la impronta con la que desarrolló su experiencia quien tuvo el rol protagónico en aquella fase inicial del proceso, el propio titular del campo: don ‘Toto’, como lo siguen llamando con cariño y respeto”.
Luces, huellas y recuerdos imborrables
No obstante la salvedad, Rodríguez asegura que, “a través del aporte de testigos y medianamente documentados por publicaciones de la época”, se puede establecer que “entre 1976 y 1977 sucedió una cierta activación evidenciada en lo fenomenológico con la expresión de hechos de tal relevancia que no se habrían reeditado con posterioridad”. En ese marco cita unas declaraciones que Tulio, hijo de “Toto” Tonna y Elena Rattín, brindó hace unos años en una entrevista con una radio montevideana. Allí recuerda, “lo que nosotros vimos fue a partir de febrero del 76. Aparecieron luces muy fuertes que producían quemaduras en los árboles, en los animales, en la gente. Eso fue lo que se vio. Y después una luz muy, muy fuerte, que de noche iluminaba todos los establecimientos a la redonda, y bueno, la gente lo podía ver. Los vecinos también, entonces era difícil tapar que eso sucedía ahí, porque todo el mundo lo estaba viendo”.
Lo que vendrá
Para la próxima, queda el compromiso de reseñar aquellos episodios tan “difíciles de tapar” y “que todo el mundo veía”, para el pesar de los dueños de casa.