La murga salteña busca su renacimiento /
Marcelo Suárez y el desafío del Carnaval 2026
Con el amanecer de 2026, Salto se prepara para una nueva temporada de carnaval y con ella renace una de sus expresiones más queridas, la murga. Marcelo Suárez, presidente de la Asociación Salteña de Actores de Carnaval (ASAC), en una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa habló sobre el presente y futuro de este género, que durante décadas fue emblema de identidad y crítica social.
“Después del año complejo que tuvimos en 2025, por suerte hoy podemos decir que la murga vuelve a respirar”, expresó Suárez, recordando que la ciudad llegó a contar con más de 20 agrupaciones en los años ochenta, cuando el retorno de la democracia impulsó una verdadera explosión artística. Actualmente, cinco murgas locales mantienen viva la llama, Falta la Papa, Punto y Coma, La Grandulona, La Retobada y La Miguelona, esta última proveniente del movimiento de Murga Joven. “Hay un brote que hay que proteger, animar y entusiasmar”.
El Parque Harriague, corazón del carnaval
El escenario del Parque Harriague volverá a ser el epicentro de la fiesta murguera. Cuatro noches 19, 24, 25 y 27 de febrero reunirán a conjuntos locales y regionales. A las agrupaciones de Salto se sumarán La Farola de 33, Golpe y Quedo de Río Negro y La Frita de Mercedes, ganadora de los dos últimos concursos.
Suárez destacó el compromiso de la Intendencia de Salto, que aporta recursos para sonido, seguridad, boletería y premios. “Montar una noche en el Harriague tiene un costo elevadísimo, pero este año contamos con una gran colaboración”. El dirigente valoró además el esfuerzo por mantener el espacio en condiciones, iluminación, baños, césped y acústica. “La acústica del Harriague es mágica. Cada vez que se piense en modificar algo, hay que hacerlo con criterio técnico”.
Desafíos para recuperar al público
Una de las mayores preocupaciones de ASAC es volver a conectar con la gente. En las últimas décadas, la murga perdió presencia en los desfiles y su convocatoria se redujo a los tablados. “No nos gustaba desfilar, hay que decirlo, y eso hizo que otros estilos como el candombe o el samba ganaran terreno”, reconoció Suárez.
Hoy, la apuesta pasa por reactivar los tablados barriales, organizar peñas y ensayos abiertos. En diciembre, varias murgas realizaron presentaciones y ensayos en el Parque Harriague, además de actividades en clubes como Fénix y Progreso. El dirigente planteó incluso retomar el tablado móvil “Aquilino Pío”, una vieja tradición de los noventa. “Era una zorra de la Intendencia que recorría plazas llevando el carnaval a los barrios. Ojalá se reflote esa idea”.
Formación y juventud, las bases del futuro
Para garantizar continuidad, ASAC proyecta talleres en liceos y escuelas, con apoyo de la Intendencia. “Queremos llegar a los jóvenes, aprovechar el trabajo de los coros escolares y abrirles la puerta a la murga”, comentó Suárez. También propone utilizar espacios públicos de la Costanera Norte y otras localidades del departamento, como Constitución, Belén o Valentín. “El interior también necesita que llevemos espectáculos; si no llegamos, seguirán predominando los ritmos tropicales, que está bien, pero hay que mostrarles otras expresiones culturales”.
El costo de hacer murga
Poner una murga en escena es un desafío económico considerable. “Vestir a 18 personas, comprar o confeccionar trajes, instrumentos, pagar arregladores, letristas, directores… todo eso es un platal”, explicó Suárez. A esto se suma el trabajo intenso de preparación: ensayos desde marzo o julio hasta febrero, meses de dedicación para lograr apenas 45 minutos de espectáculo. “Detrás de cada murga hay un gran esfuerzo humano y económico, y muchas veces no se ve”, agregó.
La sátira, esencia del género
Más allá de los desafíos logísticos, Suárez insistió en que la murga debe mantener su vocación crítica. “La murga tiene que salir a criticar, porque es lo que corresponde. Criticar lo nacional, lo local, reflejar lo que la gente vive. Si no lo hacés, no le llegás al público”.
Recordó a figuras como Roberto Agulla, letrista de Punto y Coma, y Rubén “Papino” Suárez, histórico murguista fallecido, a quienes definió como pilares del carnaval salteño. “Papino fue un tipo muy querido. Parte de este renacer también se lo debemos a él y a Mariana, que siguió su trabajo dentro de ASAC”, destacó.
Organización, jurado y accesibilidad
El concurso contará con un jurado de primer nivel, encabezado por Marcelo Rodríguez de Ávila. Lo acompañarán Óscar Celis González, Darío La Paz, Angelina Torres y Alonso, letrista de la murga montevideana La Mojigata.
El maestro de ceremonias será Juan Vicente Román, conocido comunicador que también apoyará en la difusión del evento. “Con él vamos a llegar al público que aún no hemos alcanzado”.
El precio de las entradas será 100 pesos por noche, con un posible bono familiar para las cuatro jornadas. “Ver cuatro espectáculos de alta calidad por ese precio es realmente accesible”, subrayó el presidente de ASAC. Las cantinas estarán a cargo de la cooperativa Cardozo, en coordinación con referentes del fútbol local y murguistas históricos.
Una fiesta con historia y esperanza
El Carnaval 2026 tendrá una significación especial, 40 años de las murgas Falta la Papa y Punto y Coma, dos agrupaciones emblemáticas que marcaron generaciones.
Suárez, quien integró Punto y Coma durante más de dos décadas, celebra que la tradición siga viva, aunque reconoce que los elencos se han renovado. “Es lógico que cambien. Las familias de murga también evolucionan. Pero el espíritu sigue siendo el mismo: disfrutar, cantar y hacer pensar”, dijo.
El concurso local comenzará el 19 de febrero, continuará el 24 y 25, y culminará con la gran final el 27 de febrero. Si el clima no acompaña, ya se previó el 1° de marzo como fecha alternativa.
El retorno de la alegría
“Ojalá que el Parque Harriague vuelva a llenarse como en los años dorados”, expresó Suárez al finalizar la entrevista. “El año pasado, pese a la lluvia, la gente fue. Eso demuestra que hay ganas, que el carnaval todavía vive en el corazón de los salteños.”
Con entusiasmo, compromiso y memoria, la murga salteña se prepara para una nueva etapa. En cada bombo, platillo y redoblante, late la historia de un pueblo que a través del canto y la crítica busca reencontrarse con su identidad festiva.
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