La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

Los jueces y jefes de policía informaban que no había personal suficiente para proteger a los vecinos. Entre los vecinos afectados por robos y asaltos constan en Cañas y sus proximidades, José Canto, Brabo, Quintero y el portugués Antonio. En las costas del Tacuarembó, el Rubio Chiquito y Manuel Da Silva. Nuevamente a José Canto, intentando los indios posesionarse del establecimiento. Entre las costas del Yaguarí, el Cuñapirú y el Tacuarembó, Deonisio Gómez, Joze Jacinto, Nazario y otro vecino.

Varios robos en Cerro Largo, según informe del Jefe Político en la comunicación al Ministro, aunque no menciona los nombres de las víctimas. Otro robo en las costas del Tacuarembó denunciado en carta de un vecino a la prensa. Tercer asalto a José Canto, con un niño muerto y un joven desaparecido.En las proximidades de Sopas, robo a Gerónimo Jacinto.

No eran estancieros anónimos...

No se trataba de estancieros anónimos ausentes, que vivieran en Montevideo. Por el tenor de las comunicaciones eran vecinos que vivían y trabajaban en su campo, vecinos y conocidos entre si. La gravedad de los asaltos, de a centenas de vacunos y a veces de la totalidad de la caballada, no exentos de violencia personal y de muertes en algun caso, que afectaban directamente a los pobladores de la campaña, por la gravísima conmoción, llegó como un clamor a la Asamblea General. Ésta, por voto unánime de sus miembros, facultó al recién asumido Presidente de la República, a dirigir en persona el Ejército para enfrentar y resolver aquellos problemas. Rivera años antes ya habia dado largas a órdenes severas de Lecor y de Lavalleja en su momento. A Lecor le contestó por carta "no creo en la política de exterminio de los virreyes", "mejor sería educarlos, suministrarles herramientas de labranza y ganado para subsistir".

Conversaciones de paz con los caciques

Como Comandante de la Campaña, antes de ser Presidente, Rivera habia encargado a algunos oficiales que establecieran conversaciones de pacificación con varios caciques. Luego recibió informes del Tte. Cnel. Felipe Caballero, de que varió se comprometieron a no volver a molestar a los vecinos. Así lo informó luego de conversar con los caciques Perú, Juan Pedro y Brun, quienes se retiraron hacia Arerunguá.

Recopilación de Acosta y Lara

Rivera entonces dispuso proceder directamente con las corambres y acopios ilegales, ordenando confiscar todo lo que no tuviera debidamente aclarado su orígen. En los primeros meses de 1831, recopila Acosta y Lara de la documentación surgida, se realizó "una maniobra envolvente copando un gran número de corambres clandestinas, apresando a los que trabajaban en ellas". Detuvieron a 19 "cabezas" y a 722 peones, por abigeato, deserción del Ejército o por estar acusados por delitos comunes. Identificaron a la mayoría de ellos, constando una detallada relación con nombres, apellidos, localidades y otros datos de cada uno.

29.313 cueros de animales robados...

En tales operaciones, el ejército confiscó 29.313 CUEROS de ANIMALES ROBADOS, 110 mulas,14 carretas y 114 bueyes, mencionados en un minucioso inventario, lugar por lugar. ¡Veintinueve mil cueros!

Cultura paleolitica

Volviendo al plano de los charrúas, estos en su cultura paleolítica, actuaban como clanes independientes. Su sistema tribal no operaba con un mando unificado o coordinado. Por eso resultó que, aunque algunos caciques empeñaron su palabra y al parecer la cumplieron, otros continuaron cometiendo fechorías. (Continuará)

Comentarios potenciados por CComment

Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte