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El Lic.Gustavo Fernández en una reciente entrevista en el Streaming de Diario La Prensa abordó el complejo panorama internacional actual, donde las tensiones geopolíticas, los acuerdos comerciales y los intereses cruzados entre potencias moldean el futuro de América del Sur. Entre los temas principales destacó la reciente aprobación con dificultades del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, las implicancias económicas para Uruguay, y el papel que juegan países como China, Estados Unidos y Rusia en la reconfiguración del orden global.

Europa y el Mercosur, un pacto largamente esperado

Fernández subrayó la relevancia histórica del acuerdo entre la UE y el Mercosur, un tratado que demoró 26 años de negociaciones y que finalmente vio la luz tras múltiples idas y vueltas. “Marcha adelante, marcha atrás”, recordó el analista, haciendo referencia a la prolongada discusión y a las condiciones impuestas por ambas partes.

Según explicó, Francia, Hungría y Polonia fueron los principales opositores dentro del bloque europeo, aunque con menor peso político frente a la decisión final. Italia, por su parte, “se dio cuenta que le convenía más estar del lado del acuerdo que del desacuerdo”.

El acuerdo, dijo Fernández, representa una oportunidad significativa para Uruguay, que “celebró con bombos y platillos” la firma. No obstante, también aclaró que “del lado del Mercosur no siempre hubo una opinión monolítica” sobre su conveniencia. Mientras Uruguay y Paraguay siempre impulsaron la apertura comercial, Argentina y Brasil mantuvieron posturas más reticentes. Hoy, con un Lula pragmático y un Milei aperturista, el panorama podría cambiar.

Beneficios concretos para Uruguay, cítricos, industria y nuevos mercados

Entre los sectores más beneficiados por el acuerdo, Fernández destacó al citrícola, especialmente en el norte uruguayo. “El sector cítrico es uno de los principales impulsores del acuerdo”, afirmó, recordando que la competencia con Perú y Sudáfrica había dejado en desventaja a los productores uruguayos por las tarifas arancelarias.

El dirigente sindical Juan Carlos Albano, citado en la entrevista, explicó que actualmente hay más de mil hectáreas de limón plantadas en Colonia Palma, impulsadas por inversiones de la empresa tucumana San Miguel y capitales extranjeros como Frutura, que compró activos de Caputto. Estas compañías producen con destino asegurado, “Ellos cosechan y se la venden a sí mismos”, resumió Fernández.

El optimismo del sector es palpable. Si las condiciones climáticas acompañan, 2026 podría ser “un año espectacular”, según pronosticó el entrevistado. Sin embargo, advirtió que el trabajo sigue siendo estacional: “El empleo en el citrus dura seis meses, después se cae”.

En paralelo, multinacionales como PepsiCo ya firmaron contratos para comprar toda la producción de limón uruguayo, destinada a su planta en Colonia Juan Lacaze, donde se elabora el jarabe para toda América Latina. “Eso genera un nuevo mercado y un fuerte movimiento de trabajo en el interior”, explicó.

Infraestructura y transporte, el tren que podría cambiar el norte

Fernández también mencionó el proyecto ferroviario entre Estación Queguay y Salto, una obra de unos 120 millones de dólares que permitiría reactivar el transporte de mercancías desde el norte hacia los puertos de Montevideo y Colonia. “Para el impacto que tiene, no es nada”, dijo, defendiendo la inversión como estratégica. Esta conexión facilitaría además la salida de productos de regiones fronterizas del norte argentino, sur brasileño y paraguayo, fortaleciendo el papel logístico de Uruguay en el Cono Sur. Sin embargo, el analista advirtió que Bolivia podría preferir la salida por la ruta interoceánica impulsada por Chile, hacia los puertos del Pacífico. “Hay una conveniencia económica; es un flete mucho más corto”, admitió, aunque también recordó las tensiones históricas entre ambos países por la “salida al mar”.

Un mundo dividido, potencias y zonas de influencia

En su repaso global, el mundo actual parece repartirse entre grandes áreas de influencia, Rusia en Europa del Este, China en Asia y Estados Unidos en Occidente. “El mundo está dividido muy claramente”, dijo Fernández. “Rusia manda en Europa; los americanos dicen ‘no te metes con Europa Occidental’; China se apodera de Asia; y Oriente Medio es un tonel de dinamita que puede explotar en cualquier momento”. Esa fragmentación, sumada a conflictos persistentes como Ucrania, Venezuela o Medio Oriente, configura un tablero global marcado por los intereses económicos y los egos personales de los líderes. “En manos de quién está el mundo…”, se preguntó el entrevistador. “La gente que choca sus egos”, respondió Fernández.

Cultura del trabajo y desarrollo, una lección asiática

El diálogo también derivó hacia la comparación cultural con países asiáticos como Japón y Corea del Sur, que lograron un desarrollo industrial vertiginoso en condiciones adversas. Fernández recordó cómo los trabajadores coreanos de Hyundai, durante obras en Uruguay, no entendían los paros sindicales, “Decían ‘lindo trabajar’, no comprendían por qué parar”. El contraste sirvió para reflexionar sobre la cultura del trabajo y la educación cívica. “Donde existe sindicalismo sano, patriota, las cosas funcionan mejor”. En cambio, criticó las huelgas que paralizan sectores estratégicos, como el puerto, calificándolas de “criminales” por su daño a la economía nacional.

Venezuela, Trump y los egos del poder

En la parte final, Fernández se refirió a la crisis venezolana, describiéndola como “una gran incógnita”. Según comentó, el expresidente estadounidense Donald Trump aseguró no saber si Nicolás Maduro seguirá seis meses, un año o más en el poder. Mientras tanto, la líder opositora María Corina Machado que según encuestas ganaría en elecciones libres habría concertado un diálogo con Trump. “Todo conflicto de ego”. El analista cerró la conversación con una reflexión lúcida: “El mundo es y será así. Priman los egos, no las razones. Pero hay que seguir pensando y debatiendo”.

Entre la oportunidad y la incertidumbre

El escenario internacional que describe Gustavo Fernández combina luces y sombras. Por un lado, acuerdos comerciales que abren mercados y generan esperanza en sectores productivos clave; por otro, un entorno global volátil, dominado por tensiones políticas y luchas de poder. En ese equilibrio inestable, Uruguay pequeño pero firme busca su lugar en el mapa global, apostando por la integración, la producción y el trabajo.

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