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En un contexto donde los siniestros de tránsito continúan siendo una preocupación constante en varias ciudades del interior de Uruguay, el debate sobre los factores de riesgo vuelve a instalarse. Mientras el consumo de alcohol al conducir es objeto de estrictos controles y campañas de concientización, otros elementos como la marihuana parecen quedar en un segundo plano, pese a sus potenciales efectos sobre la seguridad vial.

Así lo planteó el especialista en tránsito Víctor Pacín durante una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, donde abordó lo que considera una problemática subestimada, el impacto del cannabis en la conducción.

Un riesgo menos visible, pero presente

Pacín sostiene que existe una “peligrosa ceguera” en torno al consumo de marihuana y sus consecuencias. Explicó, mientras el tabaco y los dispositivos de vapeo son frecuentemente cuestionados en la agenda pública, el cannabis suele presentarse bajo el concepto de “uso recreativo”, una denominación que, minimiza sus efectos reales.

“El problema no es solo el consumo, sino la falta de información clara sobre lo que provoca”. Hizo hincapié en cómo el cannabis afecta las capacidades necesarias para conducir, disminución del tiempo de reacción, alteración de la percepción del riesgo y dificultades en la concentración.

En ese sentido, expresó que una persona bajo los efectos de la marihuana puede experimentar una sensación de lucidez que no se corresponde con su estado real. “Se cree un conductor responsable, pero en realidad está en una burbuja que lo desconecta del entorno”.

Efectos en la conducción y dificultades de control

Entre los principales efectos vinculados al consumo de marihuana al volante, Pacín enumeró la desorientación, la tendencia a distraerse, errores en el cálculo de distancias y cambios bruscos de comportamiento, como reducir la velocidad sin motivo o cambiar de carril sin señalizar.

A esto se suma una dificultad, la falta de controles sistemáticos. A diferencia del alcohol, cuya medición es rápida y accesible mediante espirómetros, detectar cannabis en conductores requiere dispositivos más costosos y menos extendidos.

“Si no se mide, no aparece en las estadísticas. Y si no aparece, parece que no existe”. Esta limitación, contribuye a que el problema no tenga la visibilidad que merece en las políticas públicas.

Adolescencia, consumo y normalización

También hizo alusión al impacto del consumo en jóvenes. Pacín aludió a la naturalización del uso de marihuana en entornos familiares y sociales, lo que influye directamente en la percepción de riesgo de niños y adolescentes.

“El cerebro termina de desarrollarse entre los 16 y los 25 años. El consumo en esa etapa puede generar deterioro cognitivo, problemas de concentración y lo que se conoce como síndrome amotivacional”.

Muchos adolescentes se acercan al consumo por razones sociales: pertenecer a un grupo, evitar el aislamiento o buscar nuevas experiencias. Sin embargo, advirtió que esto puede derivar en dependencia psicológica y afectar su desarrollo personal.

Además, que el consumo en espacios cerrados, como un vehículo, no solo afecta al conductor, sino también a los acompañantes, que inhalan el humo de forma pasiva.

Uso medicinal y percepciones erróneas

Pacín cuestionó la idea extendida de que la marihuana es un producto inocuo o incluso beneficioso por su disponibilidad en farmacias. Si bien reconoció que puede tener aplicaciones médicas específicas como aliviar náuseas, dolor o estimular el apetito en ciertos pacientes, aclaró que su uso es paliativo y no curativo.

“El hecho de que se venda en farmacias genera la percepción de que es segura para todos, y no es así”. En ese sentido, insistió en la necesidad de diferenciar entre usos controlados en contextos médicos y el consumo generalizado sin supervisión.

Más información, no más prohibición

Lejos de proponer medidas restrictivas, el especialista planteó que la clave está en la educación y la información. “Las prohibiciones no suelen funcionar por sí solas. Lo importante es que la gente sepa qué efectos tiene y pueda decidir con conocimiento”.

Como ejemplo, mencionó las políticas antitabaco impulsadas en Uruguay en años anteriores, que combinaron regulaciones con campañas informativas claras sobre los riesgos del consumo.

Para Pacín, un enfoque similar podría aplicarse al cannabis, especialmente en relación con la conducción y el impacto en jóvenes. “Decir ‘esto es lo que pasa’ y luego dejar que cada uno elija, pero con información real”.

Un llamado a la conciencia colectiva

La preocupación se centró en las nuevas generaciones. La exposición temprana al consumo, sumada a la falta de percepción de riesgo, plantea un desafío a largo plazo para la seguridad vial y la salud pública. “Con los adultos quizás ya sea más difícil revertir hábitos, pero con los niños todavía estamos a tiempo”.

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