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El líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, sostuvo que la inseguridad que atraviesa Uruguay es consecuencia de un proceso de deterioro de la autoridad que, se inició varias décadas atrás y alcanzó distintos ámbitos de la sociedad. En una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, el excomandante en jefe del Ejército planteó la necesidad de modificar las políticas de seguridad y recuperar el respeto por la autoridad, al tiempo que descartó que la presencia permanente de militares patrullando los barrios sea una solución de fondo.

Para Manini Ríos, el problema de la seguridad no puede analizarse únicamente desde la actuación policial. Existe un proceso cultural más profundo relacionado con la pérdida de autoridad en la familia, las instituciones educativas y los organismos encargados de hacer cumplir la ley.

“Nadie respeta nada, nadie se entiende obligado por las leyes que imperan”, sostuvo, al describir una situación que, en su opinión, puede conducir progresivamente a una “ley de la selva”, donde solamente quienes tienen mayor capacidad de ejercer violencia logran imponer sus condiciones.

Educación y autoridad

El dirigente de Cabildo Abierto consideró que la recuperación de la autoridad debe comenzar desde la infancia. Propuso impulsar un cambio cultural desde la escuela, con énfasis en el respeto a las normas y a quienes ejercen responsabilidades institucionales.

Reivindicó determinadas pautas tradicionales de disciplina escolar, como levantarse cuando ingresa un docente al aula o apagar los teléfonos celulares durante las clases. Para Manini Ríos, estas normas no deben ser interpretadas como una pérdida de derechos, sino como herramientas para recuperar pautas de convivencia.

El planteo se extiende también a la actuación policial. El exmilitar cuestionó que existan situaciones en las que efectivos policiales sean recibidos con agresiones cuando ingresan a determinados barrios. Consideró que quienes ataquen a integrantes de las fuerzas de seguridad deben recibir sanciones severas.

El delincuente debe percibir que existe una alta probabilidad de ser detenido y condenado. “Cuando esté convencido que lo más probable es que pague por el delito, seguramente va a bajar el índice de delitos”.

Drogas y narcotráfico

Otro de los ejes de su diagnóstico es el crecimiento del consumo de drogas. Manini Ríos sostuvo que Uruguay lleva años aplicando políticas que considera equivocadas y señaló que se ha producido una naturalización del consumo, especialmente entre los jóvenes.

Destacó que, a partir de planteos realizados por Cabildo Abierto durante la discusión de la Rendición de Cuentas, el Poder Ejecutivo prevé implementar una campaña de bien público destinada a sensibilizar a la población sobre los daños asociados al consumo de marihuana.

Para el dirigente, se trata de un paso positivo, aunque insuficiente frente a la magnitud del problema.

También cuestionó expresiones que transmitan una actitud derrotista frente al narcotráfico. “El narco no tiene por qué ganarnos”, y consideró que el Estado debe enfrentar el fenómeno con una estrategia sostenida.

Fuerzas Armadas, fronteras antes que patrullaje urbano

Manini Ríos marcó diferencias con la idea de utilizar a las Fuerzas Armadas como una fuerza policial en las ciudades. Explicó que la experiencia de los llamados “cascos azules” en misiones de paz de Naciones Unidas no implica necesariamente desempeñar funciones policiales.

Las misiones militares de paz incluyen tareas como custodiar convoyes, asegurar rutas y proteger poblaciones frente a grupos armados, pero no equivalen al patrullaje policial de barrios.

Sostuvo que las Fuerzas Armadas pueden realizar una contribución importante a la seguridad nacional mediante el control de fronteras, el espacio aéreo y el mar territorial.

Afirmó que buena parte de las armas utilizadas por la delincuencia ingresan de contrabando y que existe una función específica para los militares en materia de vigilancia fronteriza. Recordó que la legislación habilitó su actuación en determinadas franjas de frontera, aunque cuestionó que esa presencia no haya sido permanente.

Más policías en las calles y cárcel de máxima seguridad

Entre sus propuestas, Manini Ríos planteó recuperar efectivos policiales que actualmente cumplen funciones en comisión fuera del Ministerio del Interior. Según sus cifras, serían unos 500 funcionarios que podrían regresar a las comisarías y reforzar el despliegue territorial.

También reclamó fortalecer las comisarías de barrio y de campaña, aumentar la presencia policial en zonas consideradas críticas y establecer patrullajes frecuentes.

A estas medidas sumó una propuesta de cárcel de máxima seguridad destinada a los delincuentes considerados más peligrosos. Según explicó, de los aproximadamente 17.000 presos que mencionó, una cantidad reducida podría ser concentrada en un establecimiento con condiciones especiales de seguridad.

El dirigente sostuvo que las Fuerzas Armadas podrían incluso participar en la operación de una cárcel de estas características, pero insistió en que no deberían convertirse en una fuerza policial encargada de patrullar los barrios.

Para Manini Ríos, la respuesta a la inseguridad requiere una combinación de medidas: mayor presencia policial, control de fronteras, combate al narcotráfico, recuperación de la autoridad, rehabilitación de los presos y una transformación cultural que comience desde la educación.

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