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En tiempos donde abundan los discursos y escasean los hechos, el Club Sportivo Rodó de Salto se ha convertido en una excepción. Bajo la presidencia de Gabriel Rusconi, la institución no solo creció en lo deportivo, sino que se transformó en un verdadero centro de desarrollo social, inclusión y oportunidades para decenas de familias.

“Nosotros no venimos a hablar de lo que vamos a hacer, venimos a contar lo que ya estamos haciendo”, resume Rusconi, dejando en claro una filosofía basada en resultados concretos. Esa forma de trabajo ha permitido que el club se posicione como un referente local, con iniciativas que van mucho más allá del fútbol y que impactan directamente en la calidad de vida de la comunidad.

Una de las más recientes es la creación de la cooperativa de viviendas “Impulsa Rodó”, un proyecto que nació casi de manera espontánea dentro de la institución y que hoy ya cuenta con más de 20 integrantes y lista de espera. En pocos meses, lograron avanzar en la organización, firmar estatutos y comenzar la búsqueda de terrenos para concretar el sueño de la casa propia.

“El sueño es nuestro, pero las viviendas van a ser de ellos”, explica Rusconi, destacando el rol del club como impulsor, pero también el valor del esfuerzo colectivo y la autogestión.

Rodó Inclusivo, el fútbol como herramienta de integración

Si hay un área donde el impacto de Rodó resulta especialmente visible es en su proyecto de fútbol inclusivo. Allí, jóvenes con discapacidad no solo encuentran un espacio de recreación, sino también la posibilidad real de desarrollarse como deportistas, viajar y competir.

Cada 21 de marzo, en el marco del Día Internacional del Síndrome de Down, el club organiza una caravana que recorre la ciudad. No es solo una celebración: es una forma de visibilizar logros, generar conciencia y romper prejuicios. Los jugadores desfilan con sus medallas y trofeos, mostrando con orgullo que el esfuerzo tiene recompensa.

“Queremos que la gente vea que ellos pueden, que juegan al fútbol, que compiten, que ganan”. Los resultados respaldan ese mensaje. Algunos jugadores surgidos de Rodó han llegado a instituciones de primer nivel como Peñarol de Montevideo, e incluso han sido convocados a competencias internacionales. Dos de ellos, por ejemplo, podrían viajar a Estados Unidos para participar en un torneo global de inclusión.

Además, otros integrantes del equipo han formado parte de selecciones nacionales y han competido en países como Perú y Argentina, accediendo a experiencias que, años atrás, parecían impensadas. Estos logros no solo impactan en lo deportivo, sino también en la autoestima y el desarrollo personal de los jóvenes.

Más que deporte, comunidad, pertenencia y oportunidades

El crecimiento de Rodó no se limita a lo deportivo. En su sede conviven múltiples iniciativas: desde el baby fútbol hasta el fútbol femenino, pasando por actividades sociales, reuniones comunitarias y eventos solidarios. Cada agosto, el club organiza el tradicional Día del Niño, donde cientos de chicos participan de una jornada gratuita con juegos, comida y actividades recreativas. Todo es posible gracias al trabajo conjunto de jugadores, entrenadores, familias y voluntarios que se involucran activamente. “Acá hay un gran equipo detrás. Yo doy la cara, pero hay mucha gente trabajando a la par”. Esa lógica colaborativa también se refleja en el uso de las instalaciones. Las cooperativas tienen allí su espacio de reunión sin costo, bajo una premisa clara: facilitar oportunidades sin lucrar con la necesidad. El club funciona como un punto de encuentro donde se generan vínculos, proyectos y soluciones.

“Si le cobrás a una cooperativa por reunirse, no estás ayudando, estás haciendo negocio”. El sentido de pertenencia es otro de los pilares. Cada proyecto que nace en el club es impulsado por personas que luego lo cuidan y lo hacen crecer. Desde un gimnasio hasta mejoras en la cancha, todo surge del compromiso colectivo y de la confianza mutua.

Un modelo que también impacta fuera del club

La vocación de servicio de Rusconi trasciende los límites de Rodó. Como presidente de su barrio, impulsó importantes mejoras en infraestructura que beneficiaron a decenas de familias. Entre los logros más destacados se encuentra la llegada del agua potable de red, la instalación de nuevas bombas presurizadoras y la mejora del sistema eléctrico. Además, se proyectan obras de saneamiento, cordón cuneta y mejor iluminación, con el objetivo de elevar la calidad de vida de los vecinos y brindar mayor seguridad. “Si yo quiero vivir bien, quiero que el otro también viva bien”, sostiene, sintetizando una visión que combina compromiso individual y bienestar colectivo. Estas acciones reflejan una forma de liderazgo basada en la cercanía, la gestión y la búsqueda de soluciones concretas a problemas cotidianos.

El valor del esfuerzo y la dignidad del trabajo

Uno de los aspectos que distingue al proyecto de Rodó es su independencia. A pesar de la magnitud de las iniciativas, el club no recibe subsidios estatales y se sostiene a través del trabajo, la organización y el aporte de quienes participan. “No pedimos, trabajamos”. Esa postura se traslada también a las cooperativas y a cada emprendimiento que surge en el entorno del club. La idea no es regalar soluciones, sino construirlas colectivamente, generando compromiso y responsabilidad. “El valor está en lograr las cosas con esfuerzo. Cuando vos trabajás por algo, lo cuidás y lo valorás mucho más”. Esta visión no solo genera resultados tangibles, sino también un cambio cultural: promueve la participación, el sentido de pertenencia y la dignidad del trabajo como base del desarrollo social.

Un ejemplo que inspira y se multiplica

El caso de Sportivo Rodó demuestra que, incluso con recursos limitados, es posible generar transformaciones profundas cuando hay organización, liderazgo y voluntad. Lo que comenzó como un club con carencias básicas sin agua, luz ni equipamiento hoy es una institución en crecimiento constante, reconocida dentro y fuera de Salto por su impacto social.

“Hoy levantás el teléfono y nos conocen. Eso es porque hay hechos”. Más allá de los logros concretos, el mayor valor de Rodó parece estar en su capacidad de inspirar. Personas que se acercan con ideas encuentran un espacio donde desarrollarlas. Jóvenes con discapacidad acceden a oportunidades impensadas. Familias enteras se integran en proyectos comunes que fortalecen el tejido social.

En definitiva, Rodó se ha convertido en mucho más que un club, es una comunidad en movimiento, un ejemplo de que el cambio es posible cuando se construye desde abajo, con trabajo, compromiso y una visión solidaria que no deja a nadie afuera.

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