“Se va la Topa” /
El espacio que cuida las infancias y sostiene los sueños en Udelar Salto
En la sede Salto del Cenur Litoral Norte de la Universidad de la República (Udelar), una propuesta colectiva viene marcando la diferencia en la vida de docentes, funcionarios y estudiantes con hijos. Se trata de “Se va la Topa”, un espacio de cuidado y recreación para niñas y niños de 3 a 12 años que funciona durante los períodos de vacaciones y que aspira a convertirse, en el futuro, en un centro permanente de atención a la infancia.
La iniciativa surgió en 2018, cuando un grupo de madres universitarias comenzó a reunirse con una preocupación común, cómo resolver los cuidados de sus hijos e hijas mientras trabajaban o estudiaban. “Nos movilizamos pensando en cómo solucionar los cuidados dentro de la Udelar. Nuestros hijos van a la escuela, al jardín, a actividades, pero eso ocupa solo un turno. ¿Qué hacemos el resto del día cuando tenemos que seguir trabajando o estudiando?”, explicó Ana Fasana, una de las impulsoras del proyecto. Así nació “Se va la Topa”, un espacio pensado no solo para “dejar” a los niños, sino para ofrecer un entorno seguro, recreativo y de calidad.
El cuidado como derecho
Desde el inicio, la propuesta se construyó con una mirada amplia sobre el cuidado. Viviana Píriz, docente del Cenur Litoral Norte, subrayó que el cuidado “es un derecho universal” y una responsabilidad que atraviesa a toda la sociedad. “Todos en algún momento brindamos cuidados y los necesitamos. Pensarlo colectivamente es fundamental”.
El espacio está dirigido a hijos e hijas de docentes, funcionarios y también estudiantes de la Udelar, un aspecto especialmente relevante. Ser madre o padre mientras se cursa una carrera universitaria implica desafíos adicionales que muchas veces ponen en riesgo la continuidad educativa.
“El cuidado muchas veces trunca proyectos laborales o de estudio. ¿Cómo conjugamos todo en un mismo tiempo y espacio? Esto es una respuesta concreta a esa necesidad real”, afirmó Fasana.
La propuesta se enmarca en llamados de la Comisión Central de Cuidados de la Udelar, lo que permite acceder a recursos para su implementación. Sin embargo, el equipo reconoce que el desafío es permanente y que la demanda supera ampliamente las posibilidades actuales.
Recreación con sentido, el aporte de la cooperativa PASOS
La ejecución de “Se va la Topa” está a cargo de la cooperativa de trabajo PASOS, una organización con perfil social que asume cada edición como un compromiso y un desafío.
Lucía Bellagamba, integrante de la cooperativa, explicó que el objetivo es diferenciarse del ámbito escolar tradicional. “Buscamos actividades que corten con lo escolarizable. No se trata de repetir escritura o matemáticas, sino de ofrecer propuestas lúdicas, recreativas, propias del tiempo de vacaciones”.
El equipo planifica cada jornada con un “pienso” detrás, actividades diseñadas en función de las edades, la época del año y los intereses de los niños. Los grupos se dividen en dos franjas etarias para responder mejor a las necesidades de cada etapa.
Además, la experiencia ha incluido actividades dentro de la propia facultad, como instancias en laboratorios y en espacios abiertos del predio universitario. “Para los gurises es muy significativo ver dónde trabajan o estudian sus padres, integrar ese mundo que forma parte de su vida cotidiana”, explicó Bellagamba.
El éxito de la propuesta se refleja en el entusiasmo de los propios niños, que esperan cada nueva edición preguntando cuándo vuelve “Se va la Topa”. Al finalizar cada ciclo, se realiza una evaluación con las familias para recoger devoluciones y mejorar la experiencia.
Una necesidad que trasciende las vacaciones
Actualmente, “Se va la Topa” funciona durante los períodos de vacaciones, precisamente cuando los centros educativos cierran y las familias enfrentan mayores dificultades para organizar los cuidados. Los horarios previstos para la próxima edición son de 8 a 12 y de 15 a 19 horas, en dos turnos, con cupos limitados.
Sin embargo, la aspiración del grupo es ampliar la propuesta a todo el año y con mayor cobertura horaria. “Siempre aparece en las evaluaciones la pregunta: ¿y cuándo va a ser todo el año?”, comentó Fasana.
Según una encuesta realizada en 2022, se relevaron 184 niños y niñas vinculados a la Udelar en Salto, hijos de docentes, funcionarios o estudiantes. La cifra evidencia la magnitud de la demanda.
El equipo trabaja en un proyecto más ambicioso en el marco del Sistema Nacional de Cuidados, con la intención de crear un centro que funcione de 8 de la mañana a 8 de la noche, durante todo el año, y que abarque la franja de 0 a 12 años. “El sueño es tener dentro del edificio de la Udelar en Salto un espacio que permita cuidar desde bebés hasta niños de 12 años. No es menor”, expresó Fasana.
La ampliación permitiría articular mejor con jornadas laborales de ocho horas y dar respuesta a una de las situaciones más complejas para las familias, el fin de la licencia maternal y el regreso al trabajo.
Maternidad, estudio y trabajo, un desafío posible
El proyecto adquiere especial relevancia en un contexto donde la maternidad suele vivirse como un obstáculo en las trayectorias académicas y laborales. “¿Cuántas veces se escucha ‘quedó embarazada’ como si fuera un peso?”, reflexionó Fasana. “No es fácil estudiar y trabajar con hijos, pero no es imposible. Buscando alternativas, se puede.”
La propuesta también pone el foco en la corresponsabilidad institucional. No se trata únicamente de que cada familia resuelva sus cuidados de manera individual, sino de que las instituciones asuman su parte en la construcción de soluciones.
“Colocar la responsabilidad de pensar los cuidados a nivel comunitario e institucional es clave. Permite desarrollar una carrera y ejercer la maternidad o paternidad de la mejor manera posible”.
El equipo que impulsa “Se va la Topa” es pequeño pero abierto a nuevas incorporaciones. Docentes de Enfermería, Ciencias Sociales, funcionarios y estudiantes trabajan en conjunto, enriqueciendo la propuesta con miradas diversas.
Un proyecto que sigue golpeando puertas
Con más de seis años de recorrido, “Se va la Topa” continúa consolidándose y sumando apoyos. Cada edición confirma la necesidad del servicio y refuerza el compromiso del equipo gestor.
“Seguimos golpeando puertas”. “No solo somos los usuarios quienes lo necesitamos; también hay instituciones que miran con buenos ojos esta propuesta.”
Mientras tanto, niñas y niños esperan la próxima semana de juegos, canciones y actividades, y las familias encuentran en este espacio un respiro necesario.