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Las veredas del centro de Salto se han convertido en un verdadero circuito de obstáculos para los peatones. No se trata de irregularidades propias del desgaste urbano ni de reparaciones inconclusas: el problema radica en las tapas plásticas que cubren los contadores de OSE, muchas de ellas rotas, hundidas o directamente ausentes. Lo que debería ser un elemento discreto y seguro se ha transformado en un riesgo evidente, especialmente para personas mayores o con movilidad reducida.

OSE, organismo responsable del suministro de agua potable en Uruguay, adoptó hace algunos años este tipo de tapas de material plástico para cubrir los medidores domiciliarios ubicados en la vía pública. Sin embargo, a la vista de la situación actual, todo indica que el material elegido no resistió el desgaste natural ni las exigencias propias de una zona de alto tránsito peatonal.

Riesgo a toda hora

Hoy, caminar por las veredas del centro implica sortear huecos peligrosos donde antes había una tapa íntegra. Muchas se encuentran quebradas en varias partes, otras cedieron por completo y dejaron al descubierto el pozo del contador, un desnivel que puede provocar torceduras, caídas bruscas y lesiones de consideración. Incluso en zonas de mayor iluminación, pasar inadvertido este tipo de defectos es fácil; en horarios nocturnos, el riesgo aumenta.

Años sin reparación

Las roturas no son recientes: en varios casos, estos daños llevan años sin reparación. El paso del tiempo vuelve innegable la falta de un control adecuado por parte de OSE sobre el estado de sus propias instalaciones. Y no se trata de un detalle menor: las veredas forman parte del espacio público por donde transitan miles de personas cada día. Garantizar que estos elementos no representen un peligro debería ser una obligación ineludible.

Señal de alerta

Es difícil estimar cuántos accidentes han ocurrido a causa de estas tapas deterioradas, pero es razonable suponer que muchos vecinos —en particular personas mayores que no siempre advierten los desniveles— han sufrido caídas evitables. Cada uno de esos accidentes implica no solo un perjuicio para quien lo padece, sino también una señal de alerta sobre una situación que ya no admite postergaciones.

Material frágil que no sirve

La fragilidad del material utilizado es otro aspecto a considerar. Si en apenas unos años las tapas mostraron este grado de deterioro, es evidente que no fueron sometidas a ensayos adecuados o que su resistencia real no corresponde a las exigencias del entorno. El tránsito permanente, las inclemencias del tiempo y la exposición directa son factores previsibles; cualquier elemento colocado en veredas céntricas debería estar preparado para soportarlos.

OSE en falta...

Ante esta realidad, OSE debería actuar con urgencia. La sustitución de buena parte de estas tapas no puede seguir esperando. El organismo tiene no solo la responsabilidad técnica, sino también la obligación institucional de garantizar que sus instalaciones no representen un peligro para la población.

Intendencia de Salto

La Intendencia de Salto, por su parte, no puede mirar hacia otro lado. Si bien el contador pertenece a OSE, el mantenimiento general de las veredas es competencia comunal. La Intendencia debería reclamar formalmente al organismo estatal que corrija esta situación, porque las veredas deterioradas afectan de manera directa la movilidad urbana y la calidad de vida de los salteños.

Le seguridad ciudadana también empieza en la vereda

Mientras la ciudad apuesta al turismo y trabaja por mejorar su imagen, resulta contradictorio que en pleno centro los peatones deban caminar atentos a no caer en un agujero. Las tapas plásticas de OSE, lejos de ser un detalle menor, son un riesgo real que debe ser atendido sin más demora. La seguridad ciudadana —en todas sus dimensiones— empieza también en la vereda.

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