Tres años de silencio /
La desaparición de Gonzalo y una verdad que aún no aparece
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Por Pedro Rodríguez
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Hoy es 28 de noviembre, y esta fecha golpea fuerte. Porque un 28 de noviembre, pero del año 2022, conocimos públicamente la desaparición de Gonzalo, el hijo de Andrea Sinandez . Tres años ya pasaron. Tres años de preguntas, de incertidumbre y de una búsqueda que nunca se detuvo, aunque las respuestas siguen sin aparecer. Esta mañana estuvimos en comunicación con Andrea, su madre. Y comenzamos con la misma pregunta que todos se hacen: ¿cómo se explica que un joven que llegó a Salto, que entró caminando a una chacra en la zona del Hipódromo, nunca más haya salido de allí?
La historia, tal como ella la relata, está llena de puntos oscuros. Gonzalo ingresó a la chacra del señor Menoni, por Camino Trillo. El propio Menoni —que falleció hace siete meses— llegó a decirle delante de varias personas que no buscara más, que Dios “lo precisaba”. Palabras que quedaron grabadas para siempre en la memoria de esa madre que lucha contra el dolor y contra la falta de claridad. Andrea recuerda que ese día varias personas declararon haber estado con Gonzalo. Gente de los ladrilleros, familiares del dueño de la chacra, incluso el propio Menoni. Hablaron con él, lo vieron, compartieron momentos. Y después… nada. Como si hubiera desaparecido en el aire.
Hasta ahora nada concreto
En estos tres años aparecieron versiones, comentarios, declaraciones a medias, pero nada concreto. Uno de los dueños de la chacra dijo que había encontrado el termo de Gonzalo tres días después de su desaparición… pero se lo regaló a un peón. No recuerda a cuál. ¿Cómo puede ser que algo tan importante se maneje con tanta liviandad? Para la madre es incomprensible, y para cualquiera que escuche la historia también.
Nada explica su desaparición
Andrea cuenta que Gonzalo era un joven educado, respetuoso, inteligente, aunque con un problema neurológico que requería medicación. Pero no era violento, no tenía conflictos con nadie y siempre mantenía contacto con su familia. No hay nada —nada— que explique que simplemente haya decidido desaparecer.
Su ingreso a la chacra y su desaparición
Los testimonios indican que Gonzalo caminó desde Paysandú, que fue levantado por la policía de Quebracho, que más tarde un camionero lo acercó a Salto, que entró a un baño de estación, que habló con unos chiquilines y que siguió rumbo al Hipódromo. Las cámaras lo registran. Todo eso está. Lo que falta es lo que ocurrió después: su ingreso a la chacra… y su desaparición.
Si no aparece nada... la investigación puede acabarse
La madre está cansada, pero no se rinde. Siente decepción con la policía, que a veces deriva el caso a Paysandú, otras veces a Salto, y a veces parece no saber qué hacer. Destaca, eso sí, el trabajo del fiscal Carlos Mota, que evitó que el caso se cerrara definitivamente. Si no aparece nada más en este año, advierte Andrea, la investigación podría apagarse.
¿Estará vivo o no?
Y aquí está lo más duro: Andrea no sabe si su hijo está vivo. Quiere creer que sí. Pero también enfrenta la posibilidad de que ya no lo esté. Lo único que pide es verdad. Una verdad que le permita cerrar, aunque sea, una parte del sufrimiento.
Tres años...
Tres años. Tres años sin respuestas. Tres años que pesan sobre una familia que sigue esperando que Gonzalo aparezca… de la manera que sea, pero que aparezca. Porque nadie desaparece así. Porque alguien sabe algo. Y porque ya es hora de que esta historia se aclare.