Venezuela /
Entre el poder, el petróleo y los silencios
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Por Pedro Rodríguez
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moviles@laprensa.com.uy
La primer entrevista del 2026 arrancó con una conversación intensa . En diálogo con Héctor Amodio Pérez, se puso sobre la mesa un tema que atraviesa a América Latina desde hace décadas: Venezuela, el poder internacional y las contradicciones de los discursos políticos. No fue una charla para dar respuestas cerradas, sino para abrir preguntas. Y eso, en tiempos de consignas rápidas, no es poco.
Volver a los años 60: cuando la historia se repite
Amodio recordó un dato clave: lo que hoy ocurre en Venezuela no es algo nuevo. Desde los años 50 y 60, Estados Unidos intervino en países de la región cuando estaban en juego intereses económicos, especialmente los ligados a recursos naturales. Guatemala en 1954, con el derrocamiento de Jacobo Árbenz, es solo un ejemplo.
Antes se hablaba de la United Fruit Company. Hoy se habla de petróleo. Cambian los nombres, pero la lógica parece la misma: cuando hay recursos estratégicos, las grandes potencias no miran demasiado la voluntad de los pueblos.
Por eso la pregunta incómoda quedó flotando en el aire: ¿quién es más autoritario, el que gobierna con mano dura dentro de su país o el que decide quién entra y quién sale de otro país?
Dictaduras que incomodan según el color político
Durante años, la izquierda latinoamericana denunció con razón las dictaduras militares. Sin embargo, cuando los gobiernos autoritarios se identifican como “amigos” o “aliados”, cuesta mucho más llamarlos por su nombre.
¿Por qué cuesta tanto decir dictadura cuando se concentran poderes, se persigue a opositores y se desconocen elecciones, si el gobierno se dice de izquierda? La respuesta que aparece es dura pero clara: por conveniencia política, económica y financiera. Los derechos humanos, que deberían ser universales, muchas veces se aplican con doble vara.
Petróleo, dinero fácil y corrupción
Otro punto fuerte del análisis fue el impacto del dinero fácil. Cuando el petróleo se vendía a precios récord, Venezuela vivió una bonanza que no siempre se tradujo en desarrollo real. Ese flujo de millones, sin controles ni planificación, terminó alimentando corrupción, negocios oscuros y dependencias políticas dentro y fuera del país.
Se habló de acuerdos incumplidos, de exportaciones dudosas, de proyectos que se pagaron pero nunca se concretaron. Y también de cómo ese dinero financió movimientos, gobiernos y silencios.
Migración: cuando la gente vota con los pies
Millones de venezolanos dejaron su país. No son agentes secretos ni operadores políticos. Son personas que cruzan fronteras buscando trabajo y dignidad. La migración masiva no es un invento: es una señal clara de que algo profundo no funciona.
Cuando un pueblo se va, no lo hace por moda. Lo hace por necesidad.
Un mundo sin reglas claras
La conclusión fue tan realista como inquietante. No hay países completamente libres. El mundo está atravesado por intereses económicos, corporaciones multinacionales y decisiones que se toman lejos de la gente común.
Las leyes se aplican según convenga, los discursos cambian de un día para otro y la coherencia parece un valor en retroceso.
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