Videovigilancia, inteligencia artificial y delito /
El desafío de garantizar seguridad sin perder derechos
En un contexto regional marcado por el aumento del delito complejo y la creciente sofisticación de las organizaciones criminales, la incorporación de tecnología en las políticas de seguridad pública se vuelve cada vez más relevante. La abogada y magíster en Ciencia de la Legislación María Laura Spina, especialista en derecho informático, expuso recientemente sobre estos temas en el marco de un congreso internacional desarrollado en Salto, donde abordó el rol de la videovigilancia y la inteligencia artificial en la prevención del delito.
Spina, docente de la Universidad de Buenos Aires y con formación en cibercrimen, destacó el carácter interdisciplinario de estos desafíos, que requieren la colaboración entre juristas, ingenieros y especialistas en tecnología. “Hoy hablamos de delitos informáticos, protección de datos, comercio electrónico e inteligencia artificial. Todo está conectado”.
El modelo de Santa Fe, resultados concretos
Uno de los ejes centrales de su exposición fue la experiencia en la provincia de Santa Fe, Argentina, donde según explicó la implementación de políticas integrales logró reducir significativamente los niveles de criminalidad. “Se ha podido bajar un 70% la delincuencia altamente lesiva, especialmente en ciudades como Rosario”, afirmó. Este descenso no responde a una única medida, sino a una combinación de decisiones políticas, reformas legales y fuerte inversión en tecnología. Espina enfatizó la importancia de lo que denominó “mano justa”, una política de seguridad firme, pero enmarcada estrictamente en la ley y el respeto a la democracia. “No se trata de mano dura, sino de actuar dentro del Estado de derecho. La ley es para todos y los ciudadanos tienen derecho a vivir en paz”.
Videovigilancia inteligente y flagrancia digital
Entre las herramientas destacadas se encuentra el sistema de videovigilancia con inteligencia artificial, conocido como “Alince”, que permite el seguimiento en tiempo real de personas o vehículos involucrados en delitos. Este sistema ya cuenta con miles de cámaras instaladas en ciudades clave y continúa expandiéndose. Una de las innovaciones más relevantes es la incorporación del concepto de “flagrancia digital” en el Código Procesal Penal. Esto implica que las fuerzas de seguridad pueden actuar en base a lo observado a través de cámaras, como si se tratara de un delito presenciado directamente. “La policía puede seguir un hecho delictivo en tiempo real y proceder a la detención, con supervisión de fiscales y jueces”. El uso de estas tecnologías también fortalece el valor probatorio de las investigaciones. Las grabaciones permiten reconstruir con precisión los hechos, generando evidencia difícil de refutar en los procesos judiciales.
Narcotráfico y transformación del territorio
La especialista también abordó el impacto del narcotráfico en los entornos urbanos y las estrategias para combatirlo. En Santa Fe, se ha avanzado en la persecución del microtráfico mediante una legislación específica que permite a las autoridades provinciales intervenir de forma más directa. Entre las acciones implementadas se encuentran la identificación y demolición de puntos de venta de droga conocidos como “búnkers” tras investigaciones judiciales. Estas medidas buscan no solo desarticular redes delictivas, sino también recuperar espacios urbanos afectados por la violencia. “Son barrios donde los vecinos viven con desesperación por sus hijos y el entorno que se genera”.
El otro lado de la tecnología, delitos digitales en aumento
La misma tecnología que fortalece la seguridad también es utilizada por los delincuentes. Espina advirtió sobre el crecimiento exponencial de las estafas digitales, especialmente las vinculadas al sistema financiero. “Hoy las estafas bancarias se han disparado. Incluso en lugares donde bajaron los homicidios, este tipo de delitos aumentó considerablemente”. La especialista atribuye este fenómeno, en parte, a la menor inversión en ciberseguridad en América Latina en comparación con regiones como Europa o Estados Unidos. Además, alertó sobre el uso de inteligencia artificial para suplantar identidades, simular voces o generar engaños cada vez más sofisticados, lo que incrementa la vulnerabilidad de los usuarios.
Manipulación psicológica, la clave de las estafas
Uno de los aspectos más preocupantes es la capacidad de los estafadores para manipular emocionalmente a sus víctimas. Espina relató casos en los que personas, especialmente adultos mayores, entregan grandes sumas de dinero tras recibir llamadas falsas que simulan emergencias familiares. “El objetivo es generar desesperación y urgencia para que la persona no piense”. Estas técnicas se basan en presionar a la víctima, impedirle verificar la información y forzar decisiones inmediatas. Frente a este tipo de situaciones, la especialista recomendó mantener la calma, cortar la comunicación y verificar los hechos a través de canales confiables. “Si algo grave ocurrió, la noticia llegará por vías oficiales o familiares, no mediante un desconocido que pide dinero”. También advirtió sobre engaños basados en ofertas demasiado atractivas, como premios o beneficios extraordinarios. “Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”.
Derechos del consumidor y responsabilidad de las instituciones
Spina también planteó la necesidad de exigir mayor responsabilidad a las instituciones financieras. Señaló que los bancos tienen la obligación de proteger el dinero de sus clientes y cuestionó la falta de mecanismos de compensación ante fraudes. “Es como si alguien que no soy yo retira mi dinero y se lo entregan igual. Hay una responsabilidad clara”. Además, destacó que muchas víctimas no reclaman o no inician acciones legales, lo que contribuye a la continuidad del problema.
Equilibrio entre seguridad y privacidad
El avance de la videovigilancia y la inteligencia artificial plantea, inevitablemente, debates sobre la privacidad y la protección de datos personales. Espina reconoció la importancia de estos temas, pero insistió en que deben abordarse sin perder de vista el derecho de la sociedad a vivir segura. “El desafío es encontrar un equilibrio. La tecnología debe utilizarse dentro de la ley y con controles adecuados”.
Un futuro donde la inteligencia humana sigue siendo clave
A pesar del protagonismo de la inteligencia artificial, la especialista remarcó que el factor humano sigue siendo determinante. La prevención del delito no depende únicamente de herramientas tecnológicas, sino también de la capacidad de las personas para actuar con criterio y cautela. “Usemos la inteligencia humana para poner límites”, sintetizando una idea central, en un mundo cada vez más digitalizado, la conciencia y la educación ciudadana son tan importantes como cualquier sistema de vigilancia.