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El hotel J.W. Marriott de Caracas se convirtió en el principal punto de operaciones políticas, diplomáticas y económicas tras la captura del narcodictador Nicolás Maduro y el desembarco de delegaciones extranjeras interesadas en el futuro del país. En sus instalaciones se concentran funcionarios estadounidenses, inversores y analistas que participan de la reconfiguración de Venezuela, en un contexto marcado por el fin del aislamiento y el inicio de negociaciones clave.

Ubicado en una zona financiera que perdió dinamismo en los últimos años, el edificio de 17 pisos alberga ahora una actividad inusual. En su interior, ejecutivos del sector energético, financistas y diplomáticos mantienen reuniones constantes, mientras equipos vinculados al gobierno de Estados Unidos operan desde allí. Según describe The New York Times, el hotel se transformó en un espacio donde “es evidente que no es un hotel cualquiera”, debido a la presencia de grupos de estadounidenses que supervisan los movimientos en el lugar.

La transformación del Marriott responde, en parte, a que el último piso funciona como sede provisoria de la embajada estadounidense. El complejo diplomático oficial, ubicado a pocos kilómetros, permanece en proceso de reacondicionamiento tras haber sido abandonado en 2019 cuando Caracas rompió relaciones con Washington. Mientras tanto, el personal diplomático trabaja en oficinas improvisadas dentro del hotel.

En ese nivel, restringido al público, se instalaron espacios de trabajo para funcionarios y salas de reuniones adaptadas. De acuerdo con The New York Times, allí “el Departamento de Estado ha instalado su embajada provisional en varias suites”, donde los empleados operan en condiciones limitadas mientras avanzan las gestiones políticas y económicas.

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