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¿Llegó el final, al fin? Tras cuatro años de un crecimiento que burló las sanciones, un grupo cada vez más amplio de economistas de diversos think-tanks sostiene que la economía de guerra de Rusia tiene los días contados. Un nuevo informe publicado por el Instituto Kiel para la Economía Mundial sostiene que el país enfrenta ahora un “agotamiento estructural”. Charles Hecker, del Royal United Services Institute, calcula que “Rusia probablemente ya esté en recesión”. Nigel Gould-Davies, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, va más allá y habla de “la crisis que se avecina en la economía política de Rusia“. Incluso las cifras oficiales rusas apuntan a una contracción del 0,2% del PIB en el primer trimestre, en comparación con el año anterior.

Desde que invadió Ucrania a principios de 2022, la Rusia de Vladímir Putin se ha burlado de quienes pronosticaban repetidamente el colapso económico. Desafió las sanciones occidentales reorientando el comercio hacia países como China e India, y gastó sus amplias reservas fiscales en las fuerzas armadas, infraestructura y beneficios sociales. Entre 2022 y 2025, el PIB per cápita de Rusia, ajustado por inflación, aumentó un 12%; una cifra que no resulta impresionante si se la compara con el estándar de otros mercados emergentes como China o India, y que además está inflada por una producción de defensa que no beneficia a los hogares, pero que no deja de ser un buen resultado frente a los pronósticos catastrofistas. A pesar de las nuevas tensiones, la economía de guerra del país no está al borde del colapso.

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