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La explosión de un cohete de Blue Origin en una plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral el jueves podría tener repercusiones en todo el programa espacial estadounidense y acarrear implicaciones a largo plazo para la carrera contra China por enviar astronautas de nuevo a la Luna. Los funcionarios estadounidenses ya desconfiaban de la capacidad de los fabricantes privados de cohetes para llevar a cabo los complejos pasos necesarios para el regreso de los humanos a la superficie lunar. Ahora, una de las principales opciones potenciales se ha esfumado, sin que exista un plazo previsto para su recuperación.

El cohete New Glenn de Blue Origin fue visto como una alternativa viable al programa Starship de SpaceX, aún sin probar, y como un pilar de la capacidad del país para llevar a cabo los planes de regresar a la Luna antes del final del segundo mandato del presidente Donald Trump. “Nos dio optimismo saber que teníamos varias opciones”, dijo Garrett Reisman, un ex astronauta de la NASA que se desempeña como profesor de ingeniería astronáutica en la Universidad del Sur de California. “Ahora, con este accidente, es posible que durante un tiempo no volvamos a tener múltiples opciones”.

Mientras tanto, la explosión del New Glenn frena las ambiciones de Amazon de competir con SpaceX en el competitivo mercado de internet satelital. Se esperaba que el cohete transportara pronto 48 satélites a la órbita terrestre baja para Amazon, mejorando así la constelación de banda ancha de la compañía.

En resumen, la catastrófica explosión sienta las bases para el dominio de Elon Musk en el sector espacial, lo que deja al gobierno estadounidense y a muchos consumidores más dependientes de los servicios de SpaceX antes de su masiva salida a bolsa, que se espera sea la mayor de la historia.

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