Cuando la ciencia pide ayuda /
La lucha de Gonzalo Moratorio interpela al país que supo proteger
La historia del científico uruguayo Gonzalo Moratorio atraviesa hoy un momento de extrema fragilidad, de esos que desnudan no solo la vulnerabilidad humana, sino también la capacidad de respuesta de toda una sociedad. Quien supo estar en la primera línea durante la pandemia, hoy libra su batalla más personal: la lucha por su vida frente a un tumor cerebral agresivo.
Moratorio necesita con urgencia un medicamento de altísimo costo, del que apenas le queda una dosis que consumirá en los próximos días. Sin ese tratamiento, el riesgo es inminente. Hasta ahora, el acceso al fármaco fue posible gracias a recursos propios y a la solidaridad de colegas, amigos y personas vinculadas al Instituto Pasteur de Montevideo, que organizaron colectas y lograron donaciones. Sin embargo, esa red de apoyo, tan valiosa como limitada, ha llegado a su límite.
Ante esta situación, el científico recurrió a los canales institucionales. Solicitó el medicamento al Fondo Nacional de Recursos, que le negó la cobertura. También gestionó ante el Ministerio de Salud Pública, sin obtener respuesta hasta el momento. Frente a la urgencia, presentó un recurso de amparo, cuya resolución judicial se espera en estas horas. El tiempo, en este caso, no es una variable abstracta: es vida.
El país recuerda aún el papel decisivo de Moratorio durante la pandemia de COVID-19. Junto a su equipo, desarrolló el test nacional de diagnóstico, un aporte crucial que permitió contener la propagación del virus y salvar innumerables vidas. Lo hizo con compromiso, con vocación, y sin buscar retribuciones personales, en un contexto donde el riesgo era cotidiano y real.
En junio de 2025, el propio Moratorio comunicó que había sido diagnosticado con un tumor cerebral “muy agresivo”, una noticia que conmocionó a la comunidad científica y a la sociedad en general. Desde entonces, su vida cambió drásticamente. Aun así, continuó impulsando proyectos, como la reorientación de la startup Guska —que cofundó junto a la viróloga Pilar Moreno— hacia el desarrollo de terapias contra tumores cerebrales.
Pero detrás del científico hay también un hombre, una familia, una historia en construcción. La enfermedad llegó en un momento profundamente significativo: junto a su esposa Natalia han sido padres recientemente de una niña. Esa vida que comienza es, quizás, el mayor motor de esta lucha.
Hoy, Uruguay enfrenta una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cómo responde cuando uno de los suyos, que tanto dio, necesita ayuda? La respuesta no debería ser solo administrativa o jurídica. Debería ser, ante todo, humana. Esperemos que así se decida.