Lamentable realidad /
Uruguay se confirma como ruta aérea para el narcotrafico
En los últimos años, Uruguay se ha consolidado como un país de tránsito y acopio de drogas, especialmente cocaína. El fenómeno preocupa a las autoridades y a organismos internacionales: los estupefacientes llegan desde Paraguay y Bolivia, en muchos casos por vía aérea, para luego salir hacia Europa y África a través de los puertos uruguayos. Detrás de esta realidad emerge con nitidez la existencia de verdaderas “narco rutas” aéreas, utilizadas por organizaciones criminales transnacionales que operan con un alto grado de logística y coordinación. La principal vulnerabilidad es conocida: el espacio aéreo uruguayo carece de un sistema de control robusto, lo que facilita el ingreso de aeronaves clandestinas sin ser detectadas.
Cómo operan los vuelos ilegales
Los narcotraficantes no declaran planes de vuelo, evitan pedir autorización para despegar e incluso desconectan sus equipos de comunicación, lo que les permite “desaparecer del mapa” y eludir los radares. Una vez en territorio uruguayo, suelen utilizar pistas clandestinas distribuidas por todo el país, aprovechando que el suelo firme permite aterrizajes en lugares improvisados. En general, las aeronaves más empleadas son avionetas Cessna 176, ideales para operar en pistas cortas y, en algunos casos, para arrojar la carga desde el aire antes de retornar a su punto de origen. Según fuentes oficiales, este tipo de vuelos se repiten con cierta regularidad.
Las cifras que preocupan
En 2024, las autoridades uruguayas incautaron dos toneladas de cocaína. Considerando que cada aeronave puede transportar entre 300 y 500 kilos, al menos cuatro vuelos ilegales habrían logrado ingresar al país. Sin embargo, estimaciones internacionales alertan que por cada avión detectado podrían existir otros cuatro que pasan inadvertidos. El acceso a estas aeronaves tampoco es simple, y las organizaciones criminales recurren a métodos extremos para obtenerlas. En Paraguay, un piloto fue secuestrado y obligado bajo amenaza a realizar vuelos hacia Bolivia. En Uruguay, el 4 de junio pasado, un comando armado irrumpió en el aeroclub de Rivera, redujo al personal y robó un Cessna. Dos horas más tarde, la aeronave apareció abandonada en territorio paraguayo, evidencia de que detrás de estos delitos hay redes que trascienden fronteras.
Antecedentes en Salto
El problema no es nuevo. En el Centro de Aviación de Salto, hace tres años un grupo armado ingresó de madrugada al aeropuerto de Nueva Hespérides, redujo a la familia del sereno y buscó llevarse una avioneta. La rápida llegada de una patrulla policial frustró el robo, capturando incluso a un piloto brasileño que confesó que la aeronave sería utilizada para viajes a Bolivia y Paraguay para transportar droga hacia Uruguay.
Las rutas aéreas identificadas
El Ministerio del Interior y el de Defensa, a través de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU), han identificado dos grandes rutas de ingreso de drogas: Bolivia–Paraguay–Uruguay, utilizada de forma recurrente o Bolivia–Argentina–Uruguay, que aprovecha la extensa frontera compartida con Argentina.Ambas rutas demuestran que Uruguay está inserto en los corredores aéreos de la cocaína que parten desde la región andina.
Los planes para reforzar el control aéreo
Conscientes de esta vulnerabilidad, las autoridades han delineado un plan de acción. La Fuerza Aérea Uruguaya trabaja en la adquisición de nuevos radares de última generación y en la incorporación de tres aeronaves no tripuladas (drones militares) capaces de realizar monitoreos remotos en todo el territorio. El objetivo es claro: cerrar la puerta aérea al narcotráfico, una de las principales vías por las que la droga sigue ingresando a Uruguay. Sin embargo, la magnitud del desafío muestra que se trata de una carrera contra organizaciones con poder económico, armas, logística y la capacidad de operar simultáneamente en varios países.