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En la tarde de ayer, alrededor de las 18 horas, se vivió un accidente de tránsito en la esquina del shopping, como la gente suele llamarla. Dos motos colisionaron en plena intersección y sus conductores terminaron cayendo al pavimento. Por suerte, más allá del “porrazo”, ninguno sufrió lesiones de consideración.

La escena llamó la atención de quienes pasaban por el lugar: las motos quedaron tiradas en el suelo, mientras los jóvenes, de unos 20 años, se levantaban algo ofuscados por el golpe. Sin embargo, lo que parecía el inicio de una discusión terminó siendo todo lo contrario.

Al sacarse los cascos en la vereda, ambos se miraron, se dieron la mano y decidieron esperar juntos la llegada de la policía para que hiciera su trabajo. En tiempos donde muchas veces se habla de violencia y enfrentamientos tras los accidentes, estos dos muchachos eligieron otra actitud: la del respeto y la calma.

Su gesto, sencillo pero poderoso, nos recuerda que no siempre un choque tiene que terminar en gritos o peleas. Ayer, en esa esquina concurrida de la ciudad, nos dejaron una lección que vale la pena contar: incluso en medio de un accidente, se puede responder con humanidad y cordialidad.

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