De La Torre al Palacio /
Lo que se dice, se murmura y poco se comenta
¿El votante cambia de vereda?
La política uruguaya descubrió esta semana algo que el ciudadano probablemente ya había descubierto hace rato: el votante se mueve. Equipos Consultores, a través de Ignacio Zuasnabar, puso números a una sensación que empieza a recorrer los pasillos políticos: hay un corrimiento desde la izquierda hacia posiciones de centro y derecha. Porque una cosa es perder votos de la izquierda más dura, que puede ser un problema pero tiene explicación. Otra muy distinta es que empiece a escaparse el votante del centro. Ese que hizo posible la llegada de Orsi al gobierno.
Zuasnabar dejó una frase que debe haber producido algún silencio incómodo: quienes votaron a Orsi son, precisamente, quienes aparecen más defraudados. No es una buena noticia para el oficialismo. Aunque siempre queda el recurso nacional de explicar que la encuesta está equivocada. Hasta que llega la próxima. En la Coalición Republicana, naturalmente, la noticia fue recibida con esa discreta alegría que caracteriza a los políticos cuando las malas noticias son para el adversario. Y mientras algunos empiezan a mirar el 2029, Luis Lacalle Pou continúa apareciendo con una imagen destacada, mientras Álvaro Delgado parece necesitar algo más que paciencia. También reaparece Laura Raffo en las conversaciones. En política, cuando un nombre empieza a repetirse demasiado, conviene prestar atención. Generalmente detrás de los comentarios ya hay alguien haciendo cuentas.
Lust: el outsider que no sabe si quiere serlo
Y reapareció Eduardo Lust. Lo que cambió es que ahora muchos empezaron a darse cuenta. Su presencia en Salto, con una convocatoria importante en el Club de Pesca, volvió a mostrar que tiene algo que a muchos dirigentes les cuesta conseguir: público dispuesto a escucharlo sin que nadie le prometa una bolsa de arroz, un cargo o una selfie. El fenómeno tiene además un ingrediente curioso: la televisión, la radio y Petinatti. De “Malos Pensamientos” a una eventual banca parlamentaria hay un trecho considerable. Pero en Uruguay hemos aprendido que la política puede recorrer distancias sorprendentes. Lust dice que ofertas ha recibido y que por ahora prefiere recorrer el país, observar y mantener sus principios. Bienvenido sea. La verdadera prueba llegará cuando aparezca la tentación. Porque defender principios desde afuera es relativamente sencillo. El problema comienza cuando alguien golpea la puerta y pregunta: —¿Senador? Ahí empieza otra historia.
En el puerto sigue la guerra y la cuenta la paga Juan Pueblo
El Puerto de Montevideo termina la semana como empezó: complicado. Paros, guardias mínimas, decretos, ultimátums, reuniones y amenazas. Todo muy uruguayo. Se conversa mientras el país pierde plata. El gobierno amenaza con poner orden, los sindicatos resisten, las empresas reclaman y los exportadores hacen lo que pueden para que sus mercaderías no terminen haciendo turismo internacional antes de llegar a destino. Katoen Natie ya habla de acciones judiciales. Y mientras tanto aparece la posibilidad de inversiones millonarias para otra terminal. Un panorama maravilloso. Porque si algo necesitaba Uruguay en este momento era agregar otro conflicto contractual, sindical, empresarial y jurídico al puerto. Lo que no aparece por ningún lado es el barco de la paciencia. Cada día que pasa aumenta el riesgo de que Montevideo pierda confiabilidad como puerto. Y cuando un puerto pierde confiabilidad, recuperar la confianza cuesta bastante más que perderla. Pero seguimos discutiendo. Porque en Uruguay podemos tener problemas económicos, caída de actividad, dificultades fiscales y empresas esperando respuestas. Lo que nunca nos falta es tiempo para una buena discusión.
Orsi: en Nueva York, ONU y la vieja realidad
Yamandú Orsi viajó nuevamente a Nueva York. La oportunidad internacional siempre luce bien. Fotografías, reuniones, discursos y la inevitable Asamblea de Naciones Unidas. Todo muy importante. El pequeño detalle es que cuando termine la ceremonia, Uruguay seguirá estando en el mismo lugar. Y los problemas también. Además, las mediciones internacionales vuelven a ubicar al presidente entre los mandatarios latinoamericanos con menor valoración. No parece el mejor momento para sacar champagne. Aunque siempre habrá alguien que explique que los rankings internacionales no entienden la idiosincrasia uruguaya. Puede ser. Pero las cuentas de almacén tampoco.
Carlos Negro: el ministro sin culpas
La visita de Carlos Negro a Salto dejó una impresión curiosa. El ministro habló de seguridad. Los comerciantes hablaron de inseguridad. Los vecinos hablaron de delincuencia. Y el ministro explicó por qué buena parte de lo que ocurre no depende de él. La Republicana se retiró, pero no fue decisión suya. Los fiscales liberan delincuentes, pero existe división de poderes. Los jueces toman decisiones discutibles, pero tampoco corresponde al ministro decirles qué hacer. Entonces uno se pregunta: ¿Y qué parte sí corresponde al ministro? Un comerciante contó que pasó más tiempo demorado que los propios delincuentes que había denunciado. Después ocurrió lo de los tres individuos que agredieron y amenazaron a efectivo de la Republicana, obligando a disparos al suelo incluidos, y que luego pasaron por Fiscalía y el Juzgado para terminar nuevamente en libertad. Los policías quedan expuestos. Los comerciantes quedan expuestos. Los vecinos quedan expuestos. Los delincuentes, por lo visto, también quedan expuestos. Pero bastante menos.
El Intendente que busca inversores
Mientras algunos hacen política desde los micrófonos, Carlos Albisu aprovechó la Expo Prado para hacer algo bastante menos glamoroso: gestionar. Reuniones con autoridades nacionales, contactos, conversaciones y gestiones para intentar recuperar Somicar y el ex frigorífico Bordenave. Hay inversores argentinos y brasileños interesados. Albisu parece haber entendido algo elemental: un intendente no solamente administra expedientes. También tiene que salir a buscar oportunidades. Y si para conseguir una inversión hay que recorrer oficinas, despachos y pasillos, habrá que recorrerlos. Porque los puestos de trabajo no se generan con discursos. Se generan cuando alguien prende las luces de una fábrica.