Depresión en el deporte /
Una lucha silenciosa que puede prevenirse y tratarse
En el marco que cada 13 de enero, es el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, entrevistamos a la Licenciada en Psicología, especializada en Psicología del Deporte y la Actividad Física, Jessica Pereira quien nos brindó una mirada integral sobre este trastorno que afecta a millones de personas en el mundo, también dentro del ámbito deportivo.
La depresión es una condición compleja, muchas veces invisibilizada, que no distingue edades, profesiones ni niveles de rendimiento. Aunque suele asociarse al desánimo o la tristeza, en realidad se manifiesta a través de múltiples síntomas emocionales, físicos y cognitivos que pueden impactar profundamente en la vida cotidiana. En el deporte, este problema adquiere características particulares, atravesadas por la presión, la exigencia constante y el ideal de fortaleza que rodea a los atletas.
Depresión en el deporte, una realidad poco visible
A pesar de ser uno de los trastornos más invisibilizados en el ámbito deportivo, la depresión es un problema real y frecuente. Se encuentra estrechamente vinculada a la presión competitiva, las lesiones, las expectativas externas y el estigma que aún existe alrededor de la salud mental.
Muchas veces aparece como una respuesta psicológica a la exigencia física y mental extrema, manifestándose en pérdida de motivación, cansancio emocional y tristeza persistente. En el deporte de alto rendimiento, los atletas atraviesan adaptaciones constantes, y la falta de acompañamiento psicosocial puede derivar en síntomas depresivos y ansiedad.
La cultura deportiva suele priorizar el rendimiento físico por sobre el bienestar emocional. Esto provoca que muchos deportistas oculten lo que les sucede por miedo al qué dirán, a perder oportunidades o a ser percibidos como débiles.
¿Cómo identificar a un deportista con depresión?
Algunas señales de alerta incluyen: Cambios en el rendimiento deportivo: baja motivación, falta de concentración. Aislamiento social: evita entrenamientos grupales o el contacto con compañeros. Síntomas emocionales: tristeza, irritabilidad, apatía. Señales físicas: alteraciones del sueño, fatiga constante, cambios en el apetito. Lenguaje verbal: expresiones de desesperanza o pérdida de sentido en la práctica deportiva.
Factores de riesgo en el ámbito deportivo
Existen diversos factores que pueden aumentar la vulnerabilidad: Presión competitiva constante. Lesiones prolongadas y recuperaciones difíciles. Estigma y silencio frente a la salud mental. Exigencias externas de entrenadores, familiares y medios de comunicación. Trastornos alimentarios en disciplinas con exigencias de peso o estética. Burnout deportivo: agotamiento físico y emocional por sobreentrenamiento.
Factores de protección
La prevención es posible cuando se fortalecen ciertos pilares: Acompañamiento psicosocial y apoyo emocional. Programas institucionales de prevención y espacios seguros de diálogo. Educación emocional y desarrollo de la resiliencia. Redes de apoyo: familia, compañeros y entrenadores empáticos. Diversificación de identidad: que el atleta no se defina solo por su rendimiento.
Tratamiento y abordaje integral
El tratamiento debe contemplar múltiples dimensiones: Psicoterapia individual para trabajar emociones, pensamientos y estrategias de afrontamiento. Intervención multidisciplinaria: psicólogos, médicos y entrenadores. Programas de prevención y talleres de salud mental. Educación emocional desde etapas formativas. Rehabilitación integral en casos de lesiones. Visibilización pública para romper el estigma. Es fundamental que las instituciones deportivas cuenten con profesionales especializados y que socialmente se comprenda la importancia de una formación integral desde el inicio de la carrera deportiva. Cuidar la salud mental no es un lujo, es una necesidad.
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