A veces no nos damos cuenta
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Por el Lic. Fabián Bochia
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fbochia@laprensa.com.uy
Días pasados, en una entrevista con un medio radial de la capital, el economista Eduardo Ache contó una anécdota al menos llamativa. Ache ha sido neutral y es vicepresidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, fue presidente del Club Nacional de Football y actualmente integra la directiva tricolor.
Es una persona pública lógicamente identificada con la parcialidad alba. Dice el citado profesional que hace unas semanas concurrió a una reunión social muy importante de un gran amigo de él, persona que conoce de hace mucho tiempo y le merece la mayor de las consideraciones. Pues bien, el hijo de este gran amigo, identificado con Peñarol, dice que lo trató en forma dura, casi soez, con una dureza llamativa debido a lo que él marcó, Ache, conceptos que sobre su accionar había dicho el presidente de Peñarol Ignacio Ruglio. Ache insistió que él era muy tricolor, obviamente, pero que sabía separar las cosas, "incluso tengo nietos de Peñarol, jeje, es parte de la vida, y cuando se reúne la familia estamos todos juntos y no pasa nada, pero hay que cuidar las formas porque a veces pasan cosas como esta que uno no se espera pero pueden saltar hechos de violencia en cualquier lado".
Indudablemente que el ex presidente tricolor tiene razón, a veces no tomamos en cuenta los comentarios que hacemos, pueden ser en el deporte, pueden ser en la política, en la religión, en los conflictos que se viven en el mundo, y entre personas fanatizadas la violencia siempre está a punto de estallar. Fijémonos cómo se enchastran los muros, las casas de mucha gente en Salto con graffitis de supuesto apoyo a Peñarol y Nacional. ¿Qué pasaría si un día un vecino sale en la madrugada y le están pintando su fachada? ¿Qué va a decir?, invitarlos con una chocolatada seguro que no, y si pasa algo grave tendemos que soportar a familiares de la víctima a decir que era buenísimo y no se cuántas cosa, pero por mientras se pasaba de listo con la propiedad de los demás. Arturo Pérez Reverte, quizás de los contemporáneos el más importante escritor español, dice que para crear una persona educada, respetuosa, con moral hace falta una vida, en cambio para hacer un fanático alcanza con cinco minutos de redes sociales. Que verdad.
Por eso todos los que tenemos acceso a los medios de comunicación debemos tener muy en cuenta lo que hacemos y decimos pues aún en la parodia o la ironía podemos mover el avispero más de la cuenta, en tanto el fanatismo, por lo que sea campea a sus anchas en estos tiempos del mundo puede hacer de las suyas.
Miremos lo que ha pasado en la Argentina, hoy Cristina Fernández de Kirchner, la ex presidenta está presa en su casa de la calle San José de Buenos Aires con tobillera electrónica por una de las causas probadas de corrupción en tanto enfrenta varias más, pero sus fanáticos insultan a la justicia, a los jueces, el periodismo independiente, solo quieren que su líder esté por sobre la ley, incluso por sobre ellos mismos, en una especie de reinado que hace mal a la democracia. Pero se han encargado de generar niveles de fanatismo que desprecian a la propia democracia como forma de vida, solo les sirve si ellos ganan.
También han construido un periodismo militante que acusa todos los días a los jueces que la procesaron como que fueran funcionarios de Donald Trump o algo parecido. No hay límites para el fanático y las redes sociales los han impulsado a lugares peligrosos por lo que todos debemos estar atentos pues puede pasar cualquier cosa en cualquier momento y empañar las formas que deberíamos tener de relacionamiento en el marco de una sociedad democrática y republicana.