Al Trabajo y Adelante
- Por Dr. Pedro Bordaberry, senador de la República
El próximo martes, a las 19 horas, en el Hotel Cottage de Montevideo, presentaré el libro que lleva el título de este artículo. El jueves 3 de septiembre lo haré en la Feria del Libro de Salto. Trata sobre la vida de Benito Nardone, "Chico Tazo". A sesenta y dos años de su fallecimiento, entiendo puede debatirse la vida política e ideas de un protagonista de primera línea de la vida política, agropecuaria y periodística del país.
Nardone fue hijo de un inmigrante italiano, trabajador portuario, nacido en la Ciudad Vieja. De joven fue batllista y cronista policial en El Día. Por desavenencias dejó ese diario y trabajó en el herrerista El Pueblo. Siendo un hombre urbano, entendió al campo y lo defendió. Fue el primero en usar la radio como gran medio de comunicación. Todos los mediodías, a las 11:30, por CX 4 Radio Rural, se dirigía al campo bajo el seudónimo de Chico Tazo. El pueblo ruralista lo idolatró.
Libró una batalla a favor de los pequeños productores, exigiendo mercados transparentes, y fustigó a los intermediarios que no pagaban el verdadero valor de la producción. Fue miembro de la Federación Rural, con la que se enemistó al proponer que ingresaran a ella capataces y peones. Ante ese distanciamiento, fundó la Liga Federal de Acción Ruralista, movimiento que nucleó a miles. Apoyó a Luis Batlle Berres en 1954, que ganó las elecciones, pero luego se distanció al sostener que el campo no era atendido. La ruptura se profundizó cuando Batlle Berres no respaldó su reforma constitucional, plebiscitada en 1958.
Luis Alberto de Herrera sí la apoyó, y el acuerdo entre ambos llevó al triunfo del herrero-ruralismo dentro del Partido Nacional. Nardone integró entonces el Consejo Nacional de Gobierno, que hacía las veces de Poder Ejecutivo, y lo presidió un año. Su propuesta de reforma constitucional fue rechazada. Proponía, entre otras cosas, un Banco Central, un Banco de Previsión Social, integración docente en los entes de enseñanza y un Poder Ejecutivo colegiado.
Fue muy duro en sus enfrentamientos: aborrecido por sus adversarios, idolatrado por sus seguidores. Falleció de cáncer en 1964. Aunque el Poder Ejecutivo pidió al Parlamento honras fúnebres de expresidente, al no reunir el quórum necesario, le fueron negadas. Algo impensable hoy, lo que revela la intensidad de aquellos enfrentamientos.
Borges veía en la intensidad una suerte de eternidad. Sostenía que lo que de veras fue no se olvida nunca. Algo así parece haber ocurrido. Lo constaté cuando el libro se hizo público. Recibí comentarios a favor y en contra de Chico Tazo. Muchos me contaron que su padre lo escuchaba, o que en su casa era sagrada la hora de las 11:30 para oír el mensaje por CX 4. Otros lo criticaron por la dureza de su prédica y la oposición que despertaba. Hasta hubo quienes vieron en el libro una apología de Nardone, o se molestaron porque se escribiera sobre él.
Todo esto confirma, lo recuerden con cariño o con reparo, que se trata de un protagonista que merece ser estudiado: fue parte de la historia del Uruguay. Si después de sesenta y dos años no podemos hablar, debatir y discrepar sobre su legado, estaríamos muy mal como sociedad. Por suerte, la enorme mayoría de los uruguayos lo entiende así: no es callando las cosas que se comprende, sino conversando.
El camino es el del intercambio respetuoso y fundado, que puede no terminar en coincidencias, pero sí en diálogo. De eso se trata la democracia que queremos seguir construyendo entre todos. Al trabajo y adelante, pues. Los espero en la presentación.