Anotaciones Callejeras
Todo avance trae situaciones no siempre previstas y que se deben atender a la larga. Si miramos el ángulo que se ha generado allá en el norte entre Rodó y Apolón de Mirbeck, con el loteo de varias manzanas en la parte suroeste, o sea para el lado del centro de la ciudad y frente a un local bailable, se pueden ver camiones de barracas, trabajadores de la construcción y todo el movimiento que eso genera.
Pero del otro lado viene el otro tema, que no es otro que deterioro de las calles de la zona. Apolón aguanta porque es nueva, pero la Avenida Rodó da fiebre sobre todo bien al norte como decimos, es un pozo al lado del otro, claro si además agarra un montón de vehículos que vienen cargados de la zona hortícola de Salto. Además hace años pusieron un separadores sobre la vereda oeste con nylon que se está pudriendo sin ningún sentido.
Hay que sacar eso y arreglar a fondo esas cuadras de Rodó que dan fiebre literalmente, y no alcanza con tapar los pozos pues es tanto el tránsito de vehículos de gran envergadura que un arreglo simple es pan para hoy y hambre para mañana, asumiendo que esa zona se seguirá loteando y por ende generando nuevos emprendimientos, que son muy lindos pero ponen a prueba la logística de la ciudad.
Días pasados se analizaba a fondo el tema del Carnaval en Salto y cuando se daba todo el trayecto de la fiesta popular por calle Uruguay. Recordamos los sábados de los años ochenta y noventa con gente que literalmente peregrinaba al centro con la plegable, dejaba a algunos muchachos cuidando las llamadas sillas para tener un lugar preferencial a la noche.
Claro, era gratis. En tanto las pizzerías del centro cobraban sus mesas y sillas y tenían el servicio para sus clientes con el plus de ver la farándula carnavalera. Todo un entramado que todos disfrutábamos y no había tantas vueltas para hacer un desfile, pero ahora todo cambió, todo el mundo está lleno de derechos y hay que pagar. Otros tiempos.
Llamó la atención las expresiones de arrojo, honestidad y altruismo de los ediles frenteamplistas que votaron el fideicomiso de sesenta millones de dólares para que se pueda endeudar más allá del período de gobierno el actual ejecutivo local. Seguramente están imbuidos del espíritu de Marcelino Leal. Solo mentes aviesas pueden creer que detrás de esos votos de inmenso amor por Salto hay intereses, cargos y prebendas, por las dudas no ponemos las manos en el fuego por nadie. El contador Damiani decía que no ponía las manos en el fuego por ningún ser humano pero que por Gregorio Pérez se las entibiaba. Acá ni para un fósforo da.