Anotaciones Callejeras
Esta semana recibimos de parte de nuestros lectores, muchos comentarios respecto al Cementerio Central. Pero el tema principal no fue esta vez, como en tantas otras ocasiones, los robos (por ejemplo de objetos de valiosos metales o yeso). Esta vez nos hablaron más de panteones en mal estado. Nos decían que incluso, hay algunos con peligro de derrumbe, lo que impide a familiares de personas sepultadas en ellos y a determinada altura, subir a depositar una flor.
“Mal estado en general -nos decían-, por ejemplo algunos con malezas altas que hacen difícil la entrada…pero ya cuando nos dijeron riesgo de derrumbe, pensamos que estamos ante un peligro grande”. Es más, algunos de los panteones que nos mencionaron, pertenecen, no a familias particulares sino a determinadas asociaciones y, en un caso, a una dependencia del Estado. Es de esperar que la solución aparezca pronto.
El tema del tránsito es, al menos en Salto, una constante en el comentario de la gente en todos lados por donde uno anda. Una señora nos decía ayer, tras haberlo dado como primicia La Prensa, que “accidentes como el de la esquina de las avenidas Barbieri y Viera no puede ser que pasen…están rodeados de semáforos que andan todos bien, ¿qué mira la gente cuando va manejando?”.
A propósito de eso último del párrafo anterior, otro lector nos decía que “ver a gente manejar atendiendo el celular ya es algo que me hace hervir la sangre”. Y agregaba que “ya se hizo una costumbre ver conductores leyendo o escribiendo mensajes de textos, grabando o escuchando audios, cuando directamente no van concentrados en una llamada”. Ahora bien, como él mismo nos decía: “¿Quién le pone el cascabel al gato?”.
Ya que hablamos de tránsito, en estos día tuvimos dos lectores que se comunicaron para hablarnos de “la velocidad infernal” con que circulan las motos por la avenida Juan Harriague (digamos, para tener una noción, entre las calles 18 de Julio y Washington Beltrán). Eso nos decía uno de ellos. El otro, nos contaba que hace poco hubo en la zona, aparentemente con cierta frecuencia, operativos de control realizados entre el cuerpo inspectivo de la Intendencia y la Policía. “Esos días, ustedes no se imaginan lo bien que manejaba la gente, todos a velocidad prudente, motonetistas con chalecos reflectivos, luces encendidas, no más de dos personas en una moto…es decir todo como debe ser... Pero después volvió lo de siempre, el descontrol y no solo de motos, de vehículos más grandes también…”.
¿Debemos concluir entonces que en el caso del tránsito no se trata de un problema de educación (porque cuando se controla, la gente sabe las normas y las cumple)? ¿Es puramente una cuestión de conciencia y de que “cada uno anda metido en lo suyo”?