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Un enfermero de esos que han estado años y años atendiendo accidentes decía respeto a la imprudencia, "estos no juegan con fuego, juegan con dinamita a ver qué pasa" y la verdad que visto lo que pasa en Salto tiene toda la razón.

Esta semana que concluye se dio una situación compleja cuando un muchacho, de no más de trece años, salió a toda velocidad en un monopatín eléctrico desde la explanada de los autobuses del Salto Shopping y Terminal rumbo a Blandengues sin mirar siquiera si venía alguien.

Era de tardecita, ya no había luz natural, y se arriesgó totalmente pues por allí entran y salen ómnibus, los únicos vehículos autorizados a funcionar en ese espacio donde incluso se señala claramente que no deben circular peatones. Encima venía, rumbo al norte, una moto tipo Yumbo que frenó a tiempo pues el muchacho ni se percató de las mil infracciones que estaba cometiendo. Una locura que zafó por esas pero pudo terminar en tragedia pues si lo agarra un ómnibus que entra o sale de ese espacio lo hace bolsa. Increíble desde donde se lo mire.

 Dicen que dicen que pidieron la renuncia de una alta jerarquía de la salud pues sería cooperativista de una mutualista de la salud cuando está expresamente prohibido. Pero que olvidó decirlo al momento de asumir el cargo, detalle no menor claro está.  Dicen que dicen que cuando se reintegre una jerarca que anda en otro continente la situación haría eclosión y que saltarían esquirlas para todos lados.

Dicen que dicen que no hay plata para nada en la salud y que circula un audio donde dice que fulana no tiene impresora y que se le alquilaría para poder llevar adelante la tarea, pues no hay dinero ni para comprar una de esas máquinas. Dicen que dicen que una jerarquía que no es la primera figura y que asumió hace poco se desdobla para que la cosa funcione pero que es tanto el desbarajuste que no hay arreglo posible.

Hay gente que se está quejando de la gran cantidad de vendedores que andan puerta por puerta, seguramente fruto del gran desempleo y subempleo que hay en Salto y que no hay hora del día donde no se toque timbre buscando ofrecer productos, lo que obliga a muchas personas mayores a desconectarlo para no tener que ir a cada rato al frente del hogar para atender esto. Incluso pasa en barrios alejados del centro, donde llegan vendedores de todo tipo, algunos se presentan como “argentinos con prendas de algodón" y otros como "colombianos" con otros enseres. Ni hablar los grupos como Remar que siempre tienen muchachos en la vuelta.

 

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