El extraño asalto al BROU de Pando: ¿un robo o algo más?
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Por Jose Pedro Cardozo
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Hay robos que sorprenden por la audacia. Otros, por la violencia. Y hay algunos que llaman la atención por algo mucho más inquietante: parecen demasiado fáciles. El asalto a la sucursal del Banco República de Pando pertenece, por ahora, a esta última categoría. Una millonada en pesos, dólares y euros estaba dentro de la institución. Los delincuentes llegaron, actuaron con precisión, redujeron al personal, tomaron el dinero y desaparecieron en cuestión de minutos. Sin muertos. Sin heridos. Sin enfrentamiento. Una fuga perfecta.
Lo que más llama la atención no es solamente cuánto dinero había, sino la facilidad con que quedó al alcance de los delincuentes. Para semejante resultado hace falta algo más que audacia. Hace falta información, planificación y conocimiento de los tiempos y movimientos del lugar.
Y aparece entonces otro detalle insólito: uno de los asaltantes actuó a cara descubierta. ¿Un error infantil? ¿Una muestra de confianza? ¿O la convicción de que el operativo estaba tan controlado que ni siquiera era necesario ocultar el rostro? La investigación deberá responder.
Pero hay una coincidencia histórica que convierte a Pando en un escenario particularmente simbólico.
En 1969, cuando el Uruguay todavía no había caído en la tragedia institucional que vendría después, el MLN-Tupamaros realizó la célebre toma de Pando. La ciudad fue ocupada durante horas y entre los objetivos estuvo, precisamente, la sucursal del Banco República. Hubo muertos y heridos. Aquello fue una acción guerrillera.
Hoy nadie puede afirmar que el asalto actual tenga relación alguna con aquella organización ni con aquel episodio. Pero tampoco hay razones para hacerse los distraídos frente a determinadas similitudes operativas.
Porque si las antiguas “tupabandas” convirtieron durante años el asalto a bancos en una herramienta de financiación y acción política, hoy existen bandas criminales que han demostrado capacidad para planificar golpes de enorme precisión. Y aquí aparece el dato que termina de agregar combustible a las sospechas: el Directorio del BROU resolvió destituir al gerente de la sucursal de Pando. ¿Fue por fallas de seguridad? ¿Por negligencia? ¿Por incumplimiento de protocolos? ¿Por responsabilidad funcional? ¿O se trata de una decisión administrativa vinculada a otras circunstancias? La sociedad merece saberlo.
Porque si el gerente fue separado por responsabilidades relacionadas con el robo, estamos ante un asunto de enorme gravedad. Y si no fue así, el BROU también debería explicarlo con claridad para evitar que la sombra de la sospecha termine ocupando el lugar de la información.
No estamos diciendo que exista una complicidad. Estamos diciendo algo mucho más elemental: que debe descartarse hasta la última posibilidad. Porque un banco estatal no puede funcionar como una caja fuerte con la puerta entreabierta.
Nadie quiere, una nueva generación de delincuentes capaces de hacer en pocos minutos lo que las antiguas organizaciones armadas hacían mediante complejas operaciones de inteligencia y planificación.
La diferencia es que esta vez no hubo proclamas políticas, ni barricadas, ni enfrentamientos. Hubo algo quizás más preocupante: eficiencia criminal.
El país no puede aceptar que un golpe millonario contra el Banco República quede envuelto en un silencio todavía más sospechoso que el propio robo. Pando ya tuvo demasiada historia con los asaltos al BROU.
Sería imperdonable que, casi seis décadas después, alguien descubriera que de la historia no aprendimos absolutamente nada.