¿Nadie cuida al Presidente?
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Por Jose Pedro Cardozo
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Hay momentos en que la política deja de ser divertida. Una equivocación puede provocar una sonrisa. Una frase desafortunada puede convertirse en una anécdota. Una “Orsiada”, puede hasta resultar simpática cuando se trata de una explicación sobre una camioneta, un descuento o algún episodio menor. El problema aparece cuando las patinadas se repiten. Y peor todavía cuando esas equivocaciones salen de la boca del Presidente de la República y tienen consecuencias que trascienden nuestras fronteras. Eso es lo que comienza a alarmar.
Al finalizar la pasada semana, Yamandú Orsi aseguró públicamente que, felizmente, una denuncia vinculada a Uruguay y al proyecto de inversión de la multinacional HIF Global —que planea instalarse en Paysandú— había sido desechada en Argentina. No habían pasado 24 horas cuando la fiscal que interviene en la causa, en la provincia de Entre Ríos, se encargó de desmentir públicamente al Presidente. Otra vez. Y la pregunta surge naturalmente: ¿nadie cuida al Presidente?
¿Nadie revisa previamente la información que recibe? ¿Nadie le advierte que determinada afirmación todavía no está confirmada? ¿Nadie le dice que, cuando se trata de una investigación judicial en otro país, la prudencia no es una virtud opcional? Porque el problema no es solamente que Orsi se haya equivocado. El problema es que Orsi se está equivocando demasiado. Y cada error le cuesta algo a la autoridad presidencial.
El país necesita un Presidente que transmita certezas, especialmente cuando habla de inversiones, relaciones internacionales, seguridad o asuntos institucionales. Necesita un mandatario que, antes de hablar, tenga la seguridad de que aquello que está diciendo es cierto. Lamentablemente, eso no siempre está ocurriendo.
Hay algo peor todavía: el daño que Orsi está recibiendo desde sus propias filas. Un Presidente puede soportar la crítica de sus adversarios. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es el fuego amigo. Y en el Frente Amplio las diferencias internas hace tiempo que dejaron de ser un secreto. Las disputas entre sectores, particularmente entre el MPP y el Partido Comunista, aparecen cada vez con mayor claridad. Mientras tanto, el Presidente queda atrapado en medio de una interna que muchas veces parece tener más energía para marcar territorios que para proteger a quien encabeza el Poder Ejecutivo. Un Presidente necesita colaboradores que le digan la verdad. Necesita ministros que lo adviertan y no le contradigan.
Porque da la impresión de que Orsi está demasiado solo. Y cuando un Presidente queda solo, los errores se multiplican. Lo que importa mucho. Porque si Orsi se desgasta, se desgasta la Presidencia. Y allí aparece nuestra preocupación más grande. No porque deseemos su renuncia. Ni estemos anunciando una crisis institucional. Simplemente porque Uruguay tiene mecanismos constitucionales de sucesión y nadie puede asegurar que las circunstancias políticas, personales o institucionales de un gobierno permanezcan inalterables. ¿Y si algún día Orsi no está? ¿Quién asumiría? La respuesta nos obliga a pensar en una figura que para buena parte de los uruguayos no inspira confianza, cuya personalidad política genera rechazo. Que ha demostrado una forma de actuar que muchos consideran soberbia y confrontativa. Una situación que sería un problema de Estado.
Por eso sería bueno que alguien, dentro del gobierno, empiece a cuidar al Presidente. Que entiendan que cada palabra presidencial tiene peso. Que si el Presidente tropieza, aparece la pregunta que nadie quisiera tener que responder: ¿Y si Orsi se va? Ya no estaríamos hablando de una patinada. Estaríamos hablando de quién queda al frente del país. Y ese sí es un motivo serio para preocuparse.