La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

Si analizamos la educación en contextos de encierro podemos decir que esta funciona como una institución inserta dentro de otra institución (la penitenciaría), articulando lógicas de funcionamiento diferentes vinculadas, por un lado, a la educación y, por otro, a la seguridad y el control. Las condiciones propias del contexto carcelario inciden directamente en el desarrollo de las actividades educativas.


En el contexto uruguayo, Alanís Moreno (2022) estudió las trayectorias educativas de personas privadas de libertad e identificó las tensiones existentes entre las lógicas educativa y penitenciaria. Por lo que la educación en contextos de encierro se desarrolla en la intersección de dos instituciones con finalidades distintas, situación que genera condicionamientos específicos para los procesos educativos. Asimismo, destaca la incidencia de las dinámicas institucionales sobre el acceso, la permanencia y el desarrollo de las experiencias educativas de las personas privadas de libertad.

Si bien ambos trabajos abordan problemáticas diferentes, sus aportes permiten comprender la complejidad de la educación en contextos de encierro y evidencian la influencia que las dinámicas institucionales ejercen sobre los procesos educativos. En este sentido, constituyen antecedentes relevantes para el análisis de las prácticas educativas desarrolladas en este tipo de escenarios.

La educación en contextos de encierro se enmarca en el reconocimiento del derecho a la educación como un derecho humano fundamental, el cual no se extingue con la privación de libertad. En este sentido, instrumentos internacionales como las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos (Reglas Mandela), promovidas por las Naciones Unidas, y los lineamientos de la UNESCO, establecen la obligación de garantizar el acceso a propuestas educativas en establecimientos penitenciarios.

En el caso de Uruguay, la educación es reconocida como derecho fundamental por la Ley General de Educación Nº 18.437, esto incluye a las personas privadas de libertad. La gestión de los establecimientos penitenciarios se encuentra a cargo del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), en cuyo marco se desarrollan distintas propuestas educativas en coordinación con la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). Asimismo, el entramado institucional de la educación en contextos de encierro incluye iniciativas específicas, como el Programa Nacional de Educación en Cárceles, impulsado por el Ministerio de Educación y Cultura, orientado al desarrollo y coordinación de propuestas socioeducativas dirigidas a personas privadas de libertad.

Sin embargo, la descripción del marco normativo e institucional no agota la comprensión de este fenómeno en toda su complejidad, por lo que resulta necesario recurrir a aportes sociológicos que permitan analizar la configuración de dichas prácticas en relación con las dinámicas institucionales y los procesos que las atraviesan.

Erving Goffman, en Internados, categoriza a las cárceles como instituciones totales, es decir, espacios de residencia y trabajo donde un conjunto de individuos permanece separado de la sociedad durante un período prolongado y desarrolla su vida cotidiana bajo una administración formal común.

De acuerdo con Goffman, una de las principales características de las instituciones totales es la concentración de las distintas actividades de la vida cotidiana en un mismo espacio físico y bajo una misma autoridad. Las rutinas, los horarios y las actividades se encuentran organizados institucionalmente, reduciendo los márgenes de autonomía individual y configurando relaciones específicas entre quienes administran la institución y quienes permanecen en ella. Desde esta perspectiva, el contexto de encierro no constituye únicamente un espacio físico destinado a la privación de libertad, sino una forma particular de organización social que estructura las relaciones, las experiencias y las prácticas desarrolladas en su interior.

Finalmente, resulta fundamental considerar la capacidad de la institución total para organizar y absorber gran parte de la vida cotidiana de quienes se encuentran en su interior. En este sentido, las distintas actividades desarrolladas dentro de la institución se encuentran atravesadas por normas, rutinas y formas de organización que inciden en las posibilidades de acción de los sujetos. De este modo, la estructura propia de la institución total no solo influye en la experiencia de las personas privadas de libertad, sino también en las prácticas de los distintos actores que desarrollan sus actividades en ella. Estas características permiten comprender el contexto institucional en el que se desarrollan las prácticas educativas, aspecto que resulta fundamental para analizar las dinámicas institucionales propias del encierro.

 

Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte