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Los que amamos y disfrutamos del fútbol hemos tomado debida nota del baile que Argentina le dio a Brasil por las Eliminatorias al Mundial 2026 en su casa ganándole no solo 4 a 1 y estando ya clasificada (con el empate de Uruguay y Bolivia un rato antes alcanzó tal condición) sino minimizando en un todo a una eterna potencia futbolística.

Ver el partido y cómo el equipo de Lionel Scaloni lo dejó chiquito al Brasil de Dorival Junior llama la atención. Brasil pierde poco y en Sudamérica menos, pero puede perder, claro, son seres humanos. De hecho Uruguay le ganó 2 a 0 en el Estadio Centenario, lo eliminó por penales en la Copa América y le empató de visitante 1 a 1; pero lo de Argentina es llevar a su mínima expresión a un equipo eternamente candidato a todo lo que juega. Es más, si Brasil hizo un gol fue por un error del zaguero Romero. Quizás haya que remontarse a los inicios de este ciclo, a las burlas que sufrió Scaloni cuando tomó el equipo, a los chistes que se hacían de él, por lo flaco, porque tiene el mismo nombre de Messi, porque no había dirigido en primera división. Lo cierto es que este flaco desgarbado ha logrado arrasar con una Argentina que no ganaba nada hacía muchos años; sin embargo él ganó dos Copas América, un mundial y una Intercontinental ante la Italia en ese momento campeona de Europa. Y por lo visto el próximo mundial va a ser de nuevo un mano a mano entre Francia y Argentina, pues no se ve, salvo España, alguien que les pueda hacer daño. O sea, Argentina el próximo año será campeona, segunda o tercera del mundial pero por ahí va a andar, salvo esos imponderables del fútbol que por allí un equipo le aguante y lo elimine por penales, pero de lo contrario va a ser difícil que este equipo duro, recto, firme y de buen juego pierda algo. Y la verdad, lo tiene merecido porque el entrenador armó una telaraña a la que es difícil siquiera crearle una situación de gol. Llama la atención ver a los tres delanteros del Real Madrid, Vnicius Jr, Rodrigo y Endrick corriendo como locos detrás de la pelota sin siquiera agarrar una. Es que la dinámica del equipo albiceleste, su notable preparación física, le permitió ahogar al eterno campeón del toque que es Brasil.

Además Scaloni pone uno y saca otro y le anda mejor. Apareció ahora el hijo del Cholo Simeone, Giuliano, que debutaba y metió la pelota en el ángulo, por las dudas.

Hay que sacarse el sombrero con el trabajo del cuerpo técnico argentino, además, en un país famoso por ser fanfarrones, Scaloni le baja la línea a todos, es pura humildad y reprende al Dibu Martínez cuando se hace el crack. No hay lugar para eso en los equipos de este hombre callado y trabajador como el que más, porque nadie arma ese nivel de equipo tomando mate.

Nosotros los uruguayos debemos aprender de ese equipo, nosotros también tenemos figuras, pero nos cuesta asumir el protagonismo total, nos cuesta asumir ese nivel de superioridad. Argentina hoy puede enfrentar a Alemania, Italia, España, Francia, Inglaterra y sabe que no pasará calores, puede perder porque es fútbol, pero perfectamente sabe que los demás se cuidarán de su nivel, de su despliegue físico, de todo lo que es capaz de dar un equipo hecho a puño y letra por su entrenador, de bajo perfil y de enorme trabajo, de capacidad sin igual y cuyos resultado asombran al mundo. Ni hablamos de lo que aún puede lograr Scaloni trabajando así. La verdad que cuesta ver un equipo a ese nivel.

 

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