El fruto del trabajo para el trabajador…
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Por Ramón Fonticiella - Ex Intendente de Salto
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“El fruto del trabajo para el trabajador, SEREGNI presidente JUAN PABLO senador”. Esta proclama, voceada por cientos de jóvenes de camisas naranjas, era grito de aliento y motivación política para la JDC, Juventud Demócrata Cristiana, en 1971.
Conceptualmente tiene dos partes: el reclamo ideológico de que el producto del trabajo quede en manos de quien lo realiza y, en segunda oración, que el emblemático general Seregni fuera presidente con Juan Pablo Terra en el senado. La historia ha sido testigo de que nuestra proclama se cumplió en partes. Si bien Seregni, encarcelado por la dictadura de malos militares y peores civiles, nunca fue presidente, Juan Pablo Terra llegó al senado y desde allí denunció y combatió al Escuadrón de la Muerte, que perseguía y mataba orientales.
Lo más importante para mí, es que la primera oración se ha estado cumpliendo inexorablemente a través del tiempo: el fruto del trabajo ha ido llegando al trabajador. En los más de cincuenta años de vigente del Frente Amplio, desde la oposición y desde el gobierno, ha legislado y ejecutado a favor de quienes trabajan; cada vez más derechos ejercemos los laburantes, aunque su obtención haya acarreado lucha contra la derecha.
Estoy convencido de lo que cuento, porque ayudé a construirlo, sufrí consecuencias de esa tarea y percibo un ascenso del Hombre en derechos, calidad de vida, expectativas y esperanzas; muy distinto a aquellos años 60/70. No ha llovido del cielo ni brotado de la tierra: las personas como tales y en conjunto solidario hemos ido construyendo el hoy y cimentando el mañana. Los más jóvenes podrán no entenderlo, colonizados por las urgencias que impone el consumismo, manejado por los mismos que en los setenta armaron la dictadura.
Las señales de hoy día me indican que no sólo los jovencitos, permeados por la captura de cerebros a través de aplastante masificación, no siempre entienden que el hoy del trabajador es sideralmente mejor del de hace cincuenta años (salarios, salud, socialización , educación).
Lamentablemente percibo que adultos maduros, que la pasaron sin carne en la dictadura, por ejemplo, o vieron gente ser acarreada en camiones militares hacia sus lugares de trabajo, tampoco ven los cambios. Lo que es peor reclaman reformas radicales urgentes, aunque los riesgos colectivos sean importantes.
Así como una planta tiene su tiempo y condiciones para germinar, desarrollarse y fructificar, las conquistas duraderas también lo tienen. Vivimos sin dudas una época de urgencias, de angustias muchas veces exageradas, que con sólo racionalizarlas, se moderarían y transformarían en fuerza.
No soy conformista, mi vida lo dice; pero hay que darse los tiempos y trabajarlos. Quienes se ensañan, por ejemplo, en criticar al presidente Orsi por lo que hace, por lo que no hace, por lo que debería haber hecho, serían más constructivos si analizaron todo lo que su gobierno ha construido y lo divulgaran. Es una de las formas de lograr que el fruto del trabajo sea para el trabajador. Una escuela se levanta con materiales y trabajo, no con bombas.
No es una visión romántica. Es una mirada de la realidad.