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Dicen que dicen que hace muchos años el doctor Carlos Menem, ex gobernador de La Rioja, visitó al doctor Julio María Sanguinetti, por ese entonces presidente uruguayo, en  la Estancia Presidencia de Anchorena. Menem era presidente electo, le faltaba un tiempito para asumir su primer mandato. Allí le cuenta al oriental muchos de sus planes. Sanguinetti le dijo "pero doctor, esto usted no lo dijo en su campaña", y Menem, que hacía asados arriba del agua, le contestó, "pero señor presidente, si lo digo no me votan".

Demos un salto en todo esto. Fernando Henrique Cardoso, expresidente de Brasil, cuando una vez le preguntaron qué perspectiva veía respecto del gobierno de Bolsonaro -que recién empezaba en ese entonces-, contestó que tanto Brasil como la Argentina no están tan determinados por la calidad de sus gobiernos como por el precio de las commodities y el costo del dinero. Es decir, por la tasa de interés internacional.

Si hay un aumento en el precio del petróleo medianamente estable o persistente, eso no solamente genera inflación en el Uruguay, genera inflación en Estados Unidos, donde la inflación es un asunto central para Donald Trump, que está en campaña electoral. Si esa inflación es persistente, derivada de que el precio del petróleo sigue manteniéndose alto, puede haber en la Reserva Federal la tendencia ya no a mantener estable la tasa de interés o eventualmente recortarla, como prometía hacer Jerome Powell y que es la que pretende Trump, sino que en vez de bajar podría empezar a subir.

Si sube la tasa de interés en los Estados Unidos -esto ya le pasó a hace unos años, no muchos- comienza a haber un flujo de dólares hacia los bonos del Tesoro, que empiezan a pagar más. Y eso significa una detracción, un reflujo del dinero que podría ir a los mercados emergentes.

Esta dinámica tiene dos consecuencias sobre la países periféricos como el nuestro. Una de ellas tiene que ver con el costo del dinero que determina la inversión. Aquel que está pensando en invertir en nuestros países puede preferir invertir en bonos del Tesoro, que son más rentables y muy probablemente más seguros. Pero además hay un problema más específico que tiene que ver con lo fiscal. Uruguay, Argentina, son países muy endeudados. Y si la tasa de interés de los Estados Unidos sube porque hay que combatir la inflación, y esa suba de la tasa de inflación determina que haya una suba de la tasa de interés por parte del Banco Central de los Estados Unidos, le va a resultar mucho más trabajoso a las carteras de Economía renegociar la deuda en dólares, porque va a tener que pagar una tasa de interés mayor.

Los dos comentarios lo que hacen es mostrar que, lamentablemente en nuestros países, la calidad institucional queda supeditada al bolsillo. Si la cosa va bien y se puede comprar lo que se haga con el Estado no importa mucho cuando debería ser al revés. La calidad institucional debe ser clave para cualquier tipo de desarrollo, no se puede crecer con tipos que se pasan la Constitución por su ropa interior. No, es más, ante las crisis la institucionalidad es clave para salir adelante.

También da la impresión de que nuestros propios intelectuales entienden esto, lo describen, pero no hacen mucho por cambiarlo, justamente los que más entienden del tema. Quizás también allí anida parte de nuestro subdesarrollo, y es que las usinas de pensamiento, por caso las universidades, se miran el ombligo y no proponen cambios estructurales para salir del subdesarrollo. No se es subdesarrollado por el precio de la soja, sino por la calidad institucional, por la sucesión respetuosa de gobernantes en tiempos constitucionales, por la libertad de prensa, por la seriedad de la Justicia. Detalles.

 

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