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En octubre de 2025 el vínculo con la dirección del hospital se había roto. No fue decisión nuestra, sino de la propia dirección que cerró las puertas al intercambio. Durante meses enviamos invitaciones para conversar sobre temas que publicábamos en el diario, pero no hubo respuesta. El silencio se instaló como una muralla.

Este jueves, sin embargo, algo cambió. La directora respondió a un mensaje y aceptó la entrevista. Fue un gesto que, más allá de las diferencias, abrió nuevamente la posibilidad de hablar. Y en un hospital público, donde se cruzan las necesidades de miles de personas, el diálogo no puede ser un lujo: debe ser parte de la vida cotidiana.

La entrevista no estuvo exenta de momentos de tensión. Hubo preguntas  y respuestas que generaron tirantez. Pero lo que rescatamos es la altura con que transcurrió. No hubo gritos ni descalificaciones, sino un intercambio firme y respetuoso. Para quienes hacemos comunicación, esa es la base: poder preguntar, cuestionar y recibir respuestas, aunque no siempre sean las que esperamos.

La comunicación es un puente. Así como para que exista un texto debe haber un editor y un lector, para que exista diálogo debe haber dos partes dispuestas a escucharse. Nosotros cumplimos nuestro rol: ser el nexo entre los jerarcas y la gente. La directora, al aceptar la entrevista, cumplió el suyo: dar la cara y explicar decisiones tomadas.

En este mundo complejo pero apasionante de la comunicación , muchas veces somos el centro de la crítica. Se nos acusa de incomodar, de insistir, de poner en evidencia lo que otros prefieren ocultar. Pero esa es nuestra tarea. Y así como nosotros recibimos críticas, también las reciben quienes ocupan lugares de decisión, como la dirección del hospital. Cada uno en su rol, con responsabilidades distintas pero complementarias.

Cuando debemos hacer una crítica, lo hacemos con respeto. No buscamos destruir, sino construir. Señalar lo que no funciona para que pueda mejorar. Por eso valoramos que la doctora Gabriela González haya dado este paso de volver a dialogar. No se trata de estar de acuerdo en todo, sino de mantener abierta la puerta de la comunicación.

El hospital público es de todos. Los trabajadores lo sostienen día a día, los usuarios lo necesitan en sus momentos más difíciles, y la dirección tiene la responsabilidad de conducirlo con transparencia. En ese entramado, el periodismo cumple una función esencial: dar voz, preguntar, informar. Cuando el diálogo se corta, pierde la comunidad. Cuando se reabre, gana la democracia.

La entrevista del jueves fue un primer paso. Ojalá no sea un hecho aislado, sino el inicio de una nueva etapa donde las diferencias se discutan de frente y las decisiones se expliquen con claridad. Porque el silencio institucional no solo es incómodo: es dañino. Y porque la confianza se construye hablando, no callando.

Hoy celebramos la reapertura del diálogo. Lo hacemos con la convicción de que el respeto y la comunicación son la base de cualquier relación sana entre periodistas y autoridades. El hospital necesita transparencia y escucha. La comunidad necesita respuestas. Y nosotros, como periodistas, seguiremos tendiendo puentes, con la esperanza de que nunca más se vuelvan a cerrar.

 

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