El “troncomóvil”
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Por Gabriel Paique
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Cada tanto es bueno recordar nuestros tiempos de niños y cuando la animación era parte de las historias que llegaban a través de la pantalla chica, allá por la década del '60, cuando también se daban algunos cambios en la moda, que despertaba nuestra admiración por conocer cosas nuevas. Los cambios que siempre son importantes y sobre todo con las nuevas modas que van ganando a las nuevas generaciones, que miran de otra forma la vida, quizás como en algún momento la veíamos nosotros. Los vehículos de transportes han sido siempre algo que el hombre sintió esa curiosidad para tener lo mejor y tratar de transitar con la mayor comodidad posible, tratando de el mínimo esfuerzo, más allá que para contar con un troncomóvil, había que utilizar la fuerza de las piernas, para mover ese vehículo, que para la época era importante.
Crecimos con el grito de “Vilmaaaaaa”, aquel que siempre salía de la boca de Pedro Picapiedra, que era el que contaba con el troncomóvil y muchas veces invitaba a Pablo Mármol que lo acompañara en algún paseo o salida del aquella animación que nos mostraba algo totalmente diferente, para la época que comenzó a salir en la TV, incluso también llegó en algún momento al cine. En la serie podíamos ver los dinosaurios, que eran elementos de trabajo y en nuestra memoria aquello que Pedro subía a uno de ellos, que con una rondana con una piola, servía para juntar las rocas en ese mundo de los Picapiedras.
Para entender la serie, es bueno saber parte de lo que fue es historia que comenzó a darse en 1960 y que era de las más miradas, por niños, jóvenes, como también los adultos, con una temática que mostraba distintos temas, que en 30' más o menos nos entretenía. Claro que en aquel entonces la TV era en blanco y negro, pero ya mayores, seguimos viendo con el color, lo que nos ilustraba de forma diferente. El trabajo, la casa, el paseo y las salidas de Pedro con Pablo, la realidad de aquellos tiempos de la era de piedra, pero que eran similares a los tiempos de los años '60, cuando llegaban aquellos autos diferentes, que de alguna manera también nos seducía, con el sueño de que en algún momento podíamos llegar al “colachata”, una frase que fue parte de nuestra niñez. Eran los automóviles más importantes, largos y ya sin necesidad de tener que recurrir a las piernas, con un motor, el combustible, los neumáticos diferentes.
Los vehículos hoy nos permite hasta que tengan la tecnología de ultima generación incorporada, la velocidad es mayor, incluso ya no dependemos tanto del combustible, sino que la energía es parte del nuevo siglo. La capacidad de ver los adelantos a la hora de utilizar los medios de transportes han ido cambiando, los carros tirados a caballo, el troncomóvil ya han quedado en el pasado y hoy miramos los nuevos vehículos, la inmensa mayoría lo sueña, como tantas cosas inalcanzables.
Pero están atentos a algún descuento y aprovechan la mejor oferta para hacerse de un vehículo, algo que no está al alcance de la gran mayoría que sigue utilizando sus piernas para caminar o vehículos de un costo acorde a su trabajo. Pero es parte de los tiempos y me trae el recuerdo de una frase que tuvo su momento: “no sea nabo mijo”. El gran tema que muchas veces la imitación no es buena consejera, sobre todo porqué los tiempos, como los vehículos, también son diferentes. Cuantos habrán soñado en algún momento tener un “troncomóvil”, pero no lograron el descuento que le permitiera llegar al mismo. En mis tiempos, los veteranos nos decían: “unos nacen con estrellas y otros nacen estrellados”. Otros soñamos con alcanzar un troncomóvil, pero ya no están en oferta.