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En las conversaciones, que ya no son de boliches, aquellos donde una copa nos juntaba para intercambiar opiniones y donde siempre alguno “paraba el oído”, cuando la discusión era con voz fuerte, pero segura. Los intercambios de opiniones que sin duda en muchos casos enriquecían a los que simplemente se dedicaba a escuchar y participar con lo justo, como necesario para calmar las “aguas”, cuando se ponían muy bravas. Una manera de que la universidad de la calle nos ilustrara con aquellos intercambios de ideas, cada una de ellas con su cuota de razón, que si se unían, se lograban los entendimientos necesarios para seguir avanzando. Muchas veces se juntaban dirigentes deportivos, sociales, culturales y de la política, donde cada uno daba su mirada a los distintos temas, para los más jóvenes, un lugar para aprender.

En nuestra actividad de la comunicación muchas veces hemos estado desde el lugar de ir viendo los cambios y conocidos importantes dirigentes que siempre estaban con el librito debajo del brazo, como para opinar con lo que la letra señalaba. Dentro de ese marco buscar los cambios, que sin duda siempre se van dando cuando las generaciones son parte del cambio y no es solamente pensar que la razón personal es la que nos puede mover o llevar a imponer una idea. Las ideas se discuten, se analizan y en el intercambio, se llega a que cada parte pueda dejar algo por el camino, para llegar a un buen entendimiento. En este camino conocimos grandes dirigentes que se ponían sobre sus espaldas la responsabilidad de llevar adelante los cambios que se pretendían introducir y siempre con el “librito”, ese que no muerde, pero que nos ilustra con la letra que no es casualidad, sino que viene de siempre.

Claro, que hoy en los distintos ámbitos de nuestra sociedad, quizás producto de las urgencias con la que convivimos a diarios, el rol del dirigente lo vemos cada vez más lejano y cuesta encontrar esa figura que trate de convencer a las mayorías, más allá que teniendo en cuenta aquello del “librito”, en definitiva la letra fría siempre nos pone o nos lleva a actuar de acuerdo a los artículos que son parte de lo que es lo normal en cada espacio con responsabilidades. Aquello de las obligaciones y responsabilidades, para dirigir o estar al frente de los distintos ámbitos. Pero no es un tema nuevo, sino que lo podemos ver a simple vista y como muchos dan opiniones o intentan llevar su idea, sin saber el camino a recorrer. En ese sentido es necesario encontrar los dirigentes con la capacidad no sólo de convencer, sino de llevar adelante una tarea que sin duda es muy importante en los distintos órdenes de la vida.

En un mundo donde se vive corriendo, para intentar llegar más rápido y sin pensar demasiado, los grandes dirigentes fueron quedando olvidados o simplemente se cansaron de intentar buscar entendimientos, entonces estamos ante aquello que la urgencia nos lleva a seguir casi que sin mirar la letra chica, donde los que tienen la mirada más amplia, van imponiendo su manera de pensar o lograr convencer. Los dirigentes, aquellos que eran parte de el esfuerzo voluntario, hoy cada vez están más lejos de asumir o intentar cambiar, ya que parece que todo viene tan armado, que en cualquier momento le vamos a preguntar a la IA, como seguimos adelante. Para muchos es el camino de la comodidad y que el armado aquel de los encuentros, cada vez van quedando más en el olvido, que muchas veces nos interrogamos que no es algo que viene de una estrategia de muchos años. Para pensarlo y analizarlo, en tiempos donde la comodidad, como la urgencia nos gana.

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