Hasta siempre, Pitoco
-
Por Pedro Rodríguez
/
moviles@laprensa.com.uy
Un amigo, un vecino querido y un oyente de todos los días. Un hombre que dejó huella en su barrio, en Quinta Avenida 33 y en quienes tuvimos la suerte de conocerlo. Hay opiniones que uno prepara durante horas. Busca datos, piensa cada palabra y trata de encontrar la mejor forma de transmitir una idea. Hay otras que salen solas, porque la realidad obliga a hacerlas. Y hay algunas que uno nunca quisiera tener que decir. Esta es una de ellas. Cuando recibí la noticia a través de una llamada que me dejó helado. Del otro lado escuché una frase que todavía cuesta creer. "Pedro, falleció el Pitoco".
Por un instante pensé que no podía ser cierto. Sentí un frío recorrerme todo el cuerpo. Porque no se había ido solamente un oyente de la radio. Se había ido un amigo de muchos años.
Con Pitoco compartimos infinidad de charlas. Fuimos compañeros de boliche, de esos encuentros donde se hablaba de todo. De política, de fútbol, de la vida, de los problemas del barrio y también de los sueños que todavía quedaban por cumplir. Pero había dos temas que nunca faltaban en una conversación con él: Salto Nuevo y Quinta Avenida 33.
Amaba profundamente su barrio. Lo defendía con un orgullo enorme, como si fuera el mejor lugar del mundo. Y cuando empezaba a hablar de Quinta Avenida 33, su rostro cambiaba. Recordaba con una alegría inmensa aquellos años en los que fue el gran goleador del equipo. No era un título cualquiera. Llegó a convertir 587 goles, una cifra que muy pocos pueden alcanzar y que lo convirtió en una verdadera leyenda del club. Ese logro lo llenaba de orgullo y siempre aparecía alguna anécdota de un partido, un campeonato o un gol inolvidable.
Entre bromas y un poco en serio, un día decidió autoproclamarse el alcalde de Salto Nuevo. Lo dijo con humor, pero con el tiempo ese apodo quedó para siempre. Muchos comenzaron a llamarlo así porque conocía a todo el mundo y todo el mundo lo conocía a él. Era de esos vecinos que siempre estaban. Los que saludaban, preguntaban cómo estaba la familia y se preocupaban por lo que pasaba en el barrio.
Durante muchos años trabajó en Citrícola Salteña. Más adelante ingresó a la Intendencia de Salto, donde desarrolló buena parte de su vida laboral. Ya estaba muy cerca de jubilarse, una etapa que esperaba con tranquilidad para disfrutar un poco más de la familia, de los amigos y de las cosas simples de la vida.
La última vez que lo vi fue hace pocos días. Un sábado al mediodía, en el bar El Vasco. Charlamos como tantas otras veces. Nos reímos, comentamos la actualidad y hablamos de los temas de siempre. Jamás imaginé que esa sería nuestra última conversación.
Pitoco era uno de esos oyentes fieles que todo comunicador quisiera tener. No se perdía una sola editorial. Después nos encontrábamos y me comentaba cada una de ellas. Era frenteamplista y nunca escondió sus ideas. Pero eso jamás fue un problema entre nosotros. Al contrario. Coincidía con muchas de nuestras críticas y, cuando no estaba de acuerdo, lo decía con respeto. Sin levantar la voz. Sin ofender. Así era él.
Siempre tenía un comentario que sacaba una sonrisa, incluso cuando la vida no le sonreía de la misma manera. Como todos, también tuvo sus batallas. Creo que una de las más difíciles fue su relación con el alcohol. Era algo que disfrutaba, pero muchas veces terminó haciéndole más daño que bien.
En los últimos meses atravesaba momentos complicados. Había cometido un error que lo tenía muy angustiado. Me lo contó personalmente. Era una persona que cargaba mucho con sus sentimientos y le costaba dejar atrás aquello que lo hacía sufrir. También me había dicho que estaba viviendo con su hermano y que eso le daba tranquilidad. Se sentía acompañado y con fuerzas para seguir adelante.
Hoy no quiero quedarme con los momentos difíciles.
Prefiero recordar al amigo. Al vecino querido. Al hombre de la sonrisa permanente. Al goleador de los 587 goles que hizo historia en Quinta Avenida 33. Al Alcalde de Salto Nuevo que se ganó ese título por el cariño de la gente y no por los votos.
Los que hacemos radio sabemos que del otro lado siempre hay personas que nos acompañan. Muchas veces no las vemos, pero forman parte de nuestra vida cotidiana. Pitoco era una de esas personas. Por eso esta opinión tiene un significado muy especial. Porque nunca imaginé que una de esas palabras que él escuchaba todos los días sería justamente la de su despedida.
Querido amigo, gracias por cada charla, por cada discusión sana, por cada crítica hecha con respeto y por acompañarnos siempre desde el otro lado de la radio. Descansá en paz. Hasta siempre, querido Pitoco. Hasta siempre, Alcalde de Salto Nuevo. Hasta siempre, goleador de Quinta Avenida 33. Y, por encima de todo, hasta siempre, amigo.