Identidades...distracciones...lo que revela el fenómeno Therian
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Por Jorge Pignataro
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jpignataro@laprensa.com.uy
En tiempos donde las tendencias se propagan con velocidad viral, pocos fenómenos han irrumpido con tanta fuerza mediática como el de los llamados “Therians”. Para muchos, se trata de personas que aseguran percibirse o identificarse con animales; para otros, un tema curioso que mezcla identidad, expresión personal y cultura digital. Lo cierto es que su aparición en el debate público ha sido abrupta y dominante, capturando atención en redes sociales, medios y conversaciones cotidianas.
La reacción que genera es ambivalente. Por un lado, despierta inquietud: ¿qué implica que alguien se reconozca en una identidad no humana?, ¿qué procesos psicológicos o sociales están detrás? Pero por otro lado surge una preocupación diferente, quizá más profunda: que la intensidad con la que se discute este fenómeno esté desplazando cuestiones de enorme gravedad y urgencia social —problemas que afectan directamente la vida y la muerte de las personas— y que quedan relegados a un segundo plano en el debate público.
Desde el ámbito de la psicología, el concepto de crisis de identidad suele aparecer al analizar situaciones de este tipo. Pero la crisis identitaria no es patrimonio de una época ni de un grupo específico: ha acompañado al ser humano desde siempre, especialmente en etapas formativas como la adolescencia o la juventud. La búsqueda de sentido, pertenencia o diferenciación es parte de la experiencia humana. Lo novedoso quizá no sea la crisis en sí, sino su exposición masiva y el carácter casi espectacular con el que se manifiesta en la actualidad, amplificado por medios y plataformas digitales.
Sería simplista reducir el fenómeno a una única explicación. Es probable que dentro de quienes se identifican como Therians existan realidades diversas: personas atravesando conflictos personales, otras en procesos vitales complejos, algunas que buscan escapar de una realidad que les resulta adversa, y también quienes lo toman como juego, provocación o simple entretenimiento. La diversidad de motivaciones refleja, en definitiva, la complejidad humana.
No corresponde ignorar la cuestión ni minimizar la necesidad de apoyo profesional cuando haga falta. Toda persona que requiera acompañamiento en su salud mental debería encontrar acceso y comprensión. Sin embargo, también cabe preguntarse si la fascinación colectiva por estos temas no responde a una tendencia más amplia: la atracción por lo llamativo, por lo extraño, por aquello que funciona como espectáculo.
La historia cultural ofrece paralelos. En el siglo XIX, el poeta francés Charles Baudelaire reflexionaba sobre los “paraísos artificiales”, esos estados que permitían evadirse de la realidad a través de estímulos externos. Aunque el contexto era distinto, la idea de escapar —de suspender momentáneamente lo real— parece persistir en distintas formas a lo largo del tiempo. Quizá el fenómeno actual sea una versión contemporánea de esa pulsión humana por explorar otras identidades o refugiarse en universos alternativos.
La pregunta que queda abierta es si estamos frente a una transformación cultural duradera o ante una moda pasajera destinada a diluirse con el tiempo. La historia sugiere que muchas corrientes que en su momento parecieron dominar la conversación pública terminaron siendo transitorias.
Mientras tanto, el desafío está en mantener perspectiva. Ni indiferencia frente a quien necesita ayuda, ni fascinación que desplace lo esencial. Porque en un mundo saturado de estímulos y narrativas llamativas, el riesgo no es solo el desconcierto ante lo novedoso, sino olvidar aquello que exige atención urgente y sostenida. Tal vez la verdadera reflexión no sea sobre los Therians en sí, sino sobre nuestra propia tendencia a distraernos con el brillo de lo extraño mientras lo importante espera, silenciosamente, en segundo plano.