La celada de Guirapuitá
-
Por Leonardo Vinci
/
joselopez99@adinet.com.uy
La celada de Guirapuitá constituye uno de los episodios menos conocidos y más controvertidos de la trayectoria de José Gervasio Artigas antes de convertirse en el principal líder de la revolución oriental. Ocurrida en mayo de 1805, en la región de las puntas del río Guirapuitá, cerca de la actual frontera entre Uruguay y Brasil, la operación formó parte de las campañas impulsadas por las autoridades coloniales españolas para combatir a grupos indígenas considerados “infieles” o enemigos de la frontera.
En aquellos años, la Banda Oriental era un territorio de permanente tensión. Las autoridades españolas buscaban consolidar el control sobre las tierras ganaderas y proteger a las poblaciones criollas de los ataques y robos atribuidos a algunas parcialidades indígenas, especialmente charrúas y minuanes. Para ello organizaban expediciones militares integradas por Blandengues, cuerpo de caballería encargado de la vigilancia fronteriza. Entre sus oficiales ya se destacaba un joven Artigas, que había ingresado al cuerpo tras recibir un indulto por antiguas actividades de contrabando.
La campaña de 1805 fue comandada por Francisco Xavier de Viana, entonces gobernador de Misiones. Dentro de esa expedición, el capitán Pacheco tuvo un papel importante en la ejecución de la emboscada. Según los partes militares conservados en el Archivo Artigas, la misión consistía en localizar tolderías indígenas y sorprenderlas antes de que pudieran escapar. Artigas, al frente de una compañía de cazadores y baqueanos, participó directamente en las tareas de exploración y vigilancia del terreno.
El 14 de mayo de 1805 las tropas lograron ubicar una toldería en la zona de Guirapuitá. Aprovechando la noche y el conocimiento del terreno, las fuerzas coloniales organizaron una celada para atacar por sorpresa. El combate fue breve y extremadamente violento. Los informes oficiales señalaron que murieron alrededor de veinte indígenas durante el enfrentamiento. Además, fueron capturados mujeres y niños que luego quedaron bajo control de las autoridades militares. Algunos documentos de la época describen el episodio utilizando el lenguaje habitual de la frontera colonial, calificando a los indígenas como “bárbaros” o “infieles”.
La operación fue considerada un éxito militar por las autoridades españolas. Los partes enviados al virrey destacaban que se había destruído una de las tolderías “más perjudiciales” de la región. Para oficiales como Viana y Pacheco, estas acciones formaban parte de una política de pacificación de la frontera y de afirmación del dominio colonial sobre territorios disputados. La celada de Guirapuitá suele aparecer hoy vinculada a debates más amplios sobre la relación entre el Estado, los criollos y las comunidades originarias en el Río de la Plata. Algunos autores señalan que el episodio demuestra que incluso figuras posteriormente asociadas a ideales de libertad y justicia social participaron en prácticas violentas propias de su época. Otros advierten que es necesario evitar interpretaciones anacrónicas y recordar que la lógica militar de la frontera colonial era extremadamente dura para todos los actores involucrados.
Lo cierto es que Guirapuitá revela una faceta menos conocida de Artigas. Antes de convertirse en el “Protector de los Pueblos Libres”, fue un oficial al servicio de la Corona española que participó activamente en campañas contra indígenas. Ese pasado no elimina la importancia histórica posterior del caudillo oriental, pero sí complejiza su figura y muestra las contradicciones de un tiempo marcado por guerras fronterizas, disputas territoriales y violencia permanente.
Hoy, más de dos siglos después, la celada de Guirapuitá continúa siendo un episodio que invita a reflexionar sobre la construcción de los héroes nacionales y sobre las zonas menos recordadas de la historia rioplatense.