La motosierra de Milei
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Por Mario Kroeff Devincenzi
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mkroeff@laprensa.com.uy

La situación económica de la intendencia de Salto es muy complicada. Tiene un presupuesto muy acotado, los costos fijos son extraordinariamente abultados, un 80 por ciento asignado al pago de sueldos y el resto al pago de la deuda, queda muy poco o nada para inversión alguna. El panorama es tétrico y no hay muchas soluciones a corto y mediano plazo para dar vuelta la pisada. Las dos administraciones de la Familia Lima no han tenido ninguna gestión y éxito en sus dos períodos de gobierno. Han aumentado la deuda de la intendencia a cifras extraordinarias, y según Rendición de Cuentas al entorno a los U$S 55 millones.
La ciudad es un desastre, las calles y veredas destrozadas, las obras ordinarias y precarias, el sistema de recolección de basura y el vertedero final de residuos trampas mortales y contaminantes, la caminería rural en pésimas condiciones, los accesos a la ciudad en lamentable estado, la avenida Oribe sigue en paupérrima condición con muertes en su haber, el Palacio de Oficinas Públicas se cae a pedazos agónicamente, no hay eventos culturales y sociales de relevancia en el departamento, los museos saqueados y cerrados, los centros termales estancados en su estética y funcionalidad, saneamiento de Termas del Daymán brilla por su ausencia, no hay promoción turística adecuada ni por el marketing aplicado como las alianzas con mercados emisores…
Claro, no hay nada de nada, todo está atado con alambre, no hay perspectiva alguna y Paysandú nos pasó por arriba con la fusta bajo del brazo, y todo ello porque en realidad no hay disponible recurso alguno salvo para hacer la plancha, pagar puntualmente los sueldos, arreglar a unos cuantos amigos en la planilla municipal y nombrar directores municipales como punteros políticos financiados por el sacrificados pueblo contribuyente de Salto, además de entregar terrenos para la construcción de viviendas a cambio de militancia política para el intendente, o subirse al carro de cuanta iniciativa ajena haya por la vuelta. Es lo que hay valor… podría ser incluso peor.
No hay plata, no hay ni siquiera con más endeudamiento usurero, la capacidad de crédito está colmada, por eso las obras son solo y apenas puentes de madera, placitas con juegos en los alrededores, presupuesto participativo simbólico de migajas insignificantes, todo eso en largos y desgastantes dos períodos de gobierno. Para terminar como presidente de Mevir y promover a la sucesión de la intendencia a su hermano Álvaro… muy triste.
En tiempos electorales es muy fácil hablar y prometer el oro y el moro. Pura bulla, todo es absolutamente imposible si no se procesan cambios y transformaciones reales en la Intendencia. No se puede creer que se piense que todas las soluciones pasan solamente por utilizar el pago anual del Fideicomiso Arapey para otros efectos, es buena plata para usarla en algunas inversiones, pero no es mínimamente suficiente para cumplir con las demandas de las cuentas pendientes de Salto.
La estructura de la Intendencia es carísima e ineficiente. Hay que bajar dramáticamente los gastos para invertirlos en el desarrollo, en vez de sueldos y subsidios dedicarlos a obras fundamentales; pensar en cierre de Direcciones, eliminación de gastos y servicios, control de subsidios, tercerizaciones y privatizaciones de sectores, redistribución espacial y funcional de los espacios y terrenos municipales. Es un proceso largo y doloroso, pero hay que hacerlo, algo así como la motosierra de Milei que terminó con el gasto público despampanante, terminó con el déficit fiscal, bajó la inflación y puso de pie a la Argentina, ese es el camino.
Con los mismos recursos de hoy pero con una intendencia más liviana y menos onerosa, agregada a una política de mayores ingresos vía impositiva o recursos nacionales, entonces, solo así, veremos una luz al final del camino y el anhelado regreso del esplendor de Salto.
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