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Hay una situación que se ha extendido en Salto que marca que la sociedad acepta la informalidad como forma de vida. Esto, que es ilegal, que va contra la norma, es la base de muchos problemas que tenemos. Cuando el poder político que debe "cumplir y hacer cumplirla ley" piensa en la coyuntura termina siendo parte del problema. Salto ha consolidado el Paseo de Compras y hay carteles y páginas web que lo presentan como un atractivo turístico en sus mensajes promocionales. Muchos de estos comercios hoy pagan impuestos, tienen gente en el BPS, pero la raíz del Paseo de Compras es vender mercadería entrada ilegalmente al país. Claro que hoy mucho de eso ha cambiado, no por adherirse a lo legal sino porque es más barato en muchos casos importar directo, traer de fábricas de la capital o del Barrio de los Judíos de Montevideo que otra cosa. Pero son las circunstancias las que acercan a la formalidad y no el poder del Estado lo que termina desprestigiando el accionar de la cosa pública. Hoy se van consolidando espacios ilegales de comercios por todos lados y nos acostumbramos a parrillas los domingos, choripanes las noches, verdulerías bajo un toldo que cuando pueden ponen chapa, luego la luz, luego un par de frízer y cuando queremos acordar hay un mercadito instalado.

La ley es la base del crecimiento de toda sociedad y su no cumpliendo es una afrenta al que cumple, es un afrenta al que empieza, por lo que el mirar para el otro lado hace a una nación subdesarrollada. Hace un tiempo el presidente de El Salvador, el archi conocido Nayib Bukele decía algo interesante. Que se había logrado recuperar el espacio público para la sociedad con el control del Estado, algo clave para cualquier sociedad. Y que ese era un fenómeno del subdesarrollo. Pues, decía el titular de ese Estado, sería impensado que una facción sediciosa, una especie de cartel mafioso, dominara un pedacito de Francia, España, Italia, Gran Bretaña, que dijeran que ahí solo ellos mandaban. Y tiene razón porque no cabe en la cabeza de nadie que un grupo de vendedores de droga por ejemplo se adjudicaran unos quilómetros cuadrados de Suecia, Noruega, Portugal, y que allí mandaran ellos, impusieran ellos la ley. No entra en ninguna cabeza y es verdad.

Si bien en Salto, esperamos, no nos sucede esto, sí hay barrios en la capital cuyo ingreso es tenebroso y han denunciado los muchachos repartidores y todo el personal de las emergencias médicas. También hay que analizar en perspectiva, porque para atacar una ambulancia hay que tener tierra en el cerebro, entre otras cosas porque todos podemos necesitar de ese servicio, por más malandra que sea siempre estamos expuestos a sufrir un percance de salud. Sin embargo pasa lo que también debería hacernos replantear buena parte del contrato social que vivimos.

Es fundamental, al menos de a poco, empezar a trazar caminos de legalidad, marcar que hay cosas que se pueden hacer y hay otras que no se pueden hacer y que de infringir la norma se paga. El uruguayo tiene la pésima costumbre, ante situaciones de este tipo de hablar "con fulano", y ese fulano es normalmente una autoridad. En el espíritu de ese accionar está, nada más y nada menos, que saltarse la ley, qué también.

Entonces el político de turno se siente por encima de todo, capaz de marcar el bien y el mal, cuando increíblemente la ley ya está escrita y promulgada y hay que ajustarse a ella, nada más. El Derecho, quienes lo practican y defienden, deberían hacer hincapié en esto, no es solo un tema de Derecho sino un tema de sociedad, de desarrollo, de oportunidades y de poder ser mejores.

 

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