Cuando el sindicalismo olvida su rol
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
En las últimas horas, la escena política nacional se ha visto sacudida por una nueva demostración de intervencionismo ideológico por parte de la cúpula del PIT-CNT. A raíz de la participación de un funcionario de la embajada uruguaya en una cumbre internacional celebrada en Estados Unidos —donde se analizó la amenaza del terrorismo político y se abordó el accionar histórico de organizaciones como el MLN-Tupamaros—, la central sindical salió rápidamente a cuestionar y descalificar la decisión soberana del gobierno. Este episodio, desnuda una vez más, una profunda distorsión sobre cuáles son los cometidos esenciales de una organización representativa de los trabajadores.
EL ROL DEL PIT CNT
No es admisible que quienes supuestamente deben consagrar sus esfuerzos a velar por la defensa de los derechos laborales, el salario y las condiciones de empleo de los ciudadanos, decidan inmiscuirse en asuntos que exceden por completo su órbita institucional. Al actuar sistemáticamente como un partido político, el PIT-CNT traiciona su propia naturaleza jurídica y social. Una central obrera moderna y democrática debe ser un puente de diálogo plural, no una trinchera ideológica desde la cual se pretende tutelar la institucionalidad del país y dictar pautas de conducta a los poderes del Estado. Resulta particularmente grave y llamativo que se intente enmendarle la plana a una administración de izquierda en materia de política exterior. Pretender que el Poder Ejecutivo ajuste sus relaciones diplomáticas y su participación en foros internacionales al pulso sectario de una minoría sindical es un disparate institucional inaceptable. Las decisiones sobre política exterior corresponden exclusivamente al gobierno legítimamente electo y responden a los intereses nacionales permanentes, no a los caprichos dogmáticos de gremialistas encandilados por viejos dogmas.
LENINISMO TRASNOCHADO
En esta postura rancia aflora, de manera inocultable, el leninismo más puro y trasnochado que parece brotarles a flor de piel a varios dirigentes. Da la impresión de que vastos sectores de la dirigencia sindical siguen viviendo mentalmente atrapados en los tiempos más recalcitrantes de la Guerra Fría. Esa visión maniquea del mundo los empuja a manifestar una aversión visceral y automática hacia cualquier iniciativa que provenga de los Estados Unidos, bloqueando cualquier análisis racional de los problemas globales del siglo XXI, como lo es la lucha contra el terrorismo internacional y la violencia política transnacional.
La democracia uruguaya, cimentada en el respeto republicano y la separación de roles, no puede tolerar estos tontos intentos de cooptación ideológica del Estado. Los trabajadores uruguayos merecen una representación genuina, enfocada en sus necesidades reales y cotidianas, y no una dirigencia autoproclamada vanguardia revolucionaria que utiliza el aparato sindical como plataforma de agitación geopolítica. Es hora de que el movimiento sindical recupere la sensatez, abandone los complejos ideológicos del pasado y entienda de una vez por todas que la defensa de los derechos de la clase trabajadora es incompatible con el sectarismo político y el delirio faccioso.