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Las elecciones en segunda vuelta que dejaron a Lula de nuevo en la Presidencia y que irá por su cuarto mandato cuando asuma en el primer mes del año que viene dejaron lecciones para todos. Un país, del nivel económico y cultural de Brasil, divido en dos en serio con una mitad que aborrece de la otra y viceversa.

Un fenómeno que lamentablemente se va extendiendo y donde unos festejan los malos momentos de los otros. También hay que decir que cuando se dio la primera vuelta, y se armó el congreso que será ampliamente favorable a la derecha, lo que interpelará a lo que hará desde enero Lula pues tendrá casi todo en contra, cámara baja, cámara alta, gobernadores, en fin, o ajusta el cinturón o lo mandan a su casa porque allá no les tiembla el pulso y el odio es enorme. Si analizamos en detalle el discurso del presidente reelecto cuando se confirmó que la tendencia era irreversible y que irá raudo por su cuarto mandato, Lula agradeció especialmente a los ancianos, los enfermos, las personas que vivían lejos, a todos los que hicieron, esta vez sí, el esfuerzo por ir a votarlo. Es como que en el fondo les dijera, "ustedes no me fueron a votar en la primera vuelta, y los entiendo, pero cuando vieron que el agua les subía al cuello, dieron el salto y se presentaron raudos a votarme y ahí gané la elección, gracias por eso, gracias por dejar de lado la comodidad y asumir que el país necesita el voto de cada uno para evitar que los Bolsonaro llegaran de nuevo al poder".

Pero conviene raspar un poco más y entender que detrás de ese agradecimiento de Lula a sus votantes, que faltaron a la primera cita pero le dieron el triunfo en la segunda, ellos, su propia estructura electoral, los fueron a buscar, a lo que hay que sumar el impúdico aumento de todo lo que hace a las ayudas sociales que se dio también en estas semanas, o sea que Lula usó al Estado como caja de apoyo para traccionar su victoria. Algo que comienza a hacerse muy común en todos lados y que nadie denuncia en el entripado que mañana puedo ser yo el que lo haga. De todas formas no es una buena práctica.

Si miramos "del otro lado" podríamos decir que nos encontramos con un grupo de personas, importante porcentualmente, que no valora el ir a votar. Incluso si lo pasamos a nuestro país cuando llegan las elecciones muchas personas dicen que van a votar para evitar la multa y las trabas administrativas que esto genera, cuando deberíamos valorar y mucho esto pues miles de uruguayos lucharon, sufrieron cárcel y muchos perdieron la vida al defender el derecho de la gente a elegir sus gobiernos. Es un privilegio vivir en una democracia plena pero también la democracia, y el peso debe recaer justamente en los que están al frente de las instituciones, que hay que valorar y defender el sistema. Que el número de personas que no valoren este tipo de sistema sea residual porque necesitamos que siga, que sea estable y que siempre que se convoque a votar en tanto se valore la instancia.

Brasil también muestra un problema que parece no resuelto y es el gran tema de que los que llegan al gobierno se tientan con manejar las instituciones y eso hace a la calidad de vida también. Miremos el tema que se ha generado en la potencia del norte con el corrimiento de la hora de votar y quién lo autorizó, un magistrado afín al presidente Lula. Son temas que no son menores y deberían convocar a que el Parlamento investigue.

La instancia de elecciones en Brasil dejaron mucho para cortar, aprender y razonar.

 

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