La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

Por profundas diferencias con su modelo político, nunca creí en las propuestas del intendente Albisu. Disiento ideológica y estratégicamente. No me gusta dónde va ni por qué camino. La realidad ya me está dando razón: los engaños tienen patas cortas... Como dicen en el barrio “mentime que me gusta”.

Carlos Albisu, ex presidente de la CTM de Salto Grande renunció a ese cargo por presión política y parlamentaria; su administración de la principal planta energética del país, su “política” de recursos humanos, su visión del uso de los bienes públicos sin certezas de conveniencia nacional, sus incumplidas propuestas de proyectos (puerto seco, hub logístico, navegación del Uruguay aguas arriba) fueron un fiasco colectivo. Se beneficiaron sí sus amigos políticos con cargos a dedo. La sociedad salteña en su conjunto: cero. Hubo lluvia de camisetas, apoyo con dinero nacional a actividades populares sin sustento de planes. Limosnas del bolsillo chico y ajeno.

Ninguno de esos “méritos” fue obstáculo para que la población de Salto lo eligiera intendente. Su política engañosa y el rechazo al anterior gobierno limista, lo hicieron posible. A menos de un año de su asunción reafirmo mi pensamiento: no comparto hacia dónde va (no se sabe), ni por dónde avanza (¿?).

La Asociación de Empleados y Obreros Municipales ha denunciado, sin decirlo, que las propuestas de Carlos Albisu fueron una política del engaño (ver LA DIARIA, noticias de Salto). El presidente de ADEOMS denuncia que habrían ingresado a la Intendencia unas 500 personas. No figurarían como funcionarios, pero sus costos serán abonados por todos y cada uno de los contribuyentes departamentales. Dice ADEOMS que el intendente hace lo que criticó del anterior mandatario. Lo pienso, lo dije y lo reafirmo. Albisu y su barra, hicieron flecos la política de Lima de contratar mono tributistas, una forma de hacer acuerdos individuales, pagar con plata del Estado, pero no figurar como funcionarios. Otra vía sería la de tercerizar tareas, es decir ponerlas en manos de personas o empresas, que tampoco figuran como asalariados.

Estas políticas engañosas permiten creer que bajarán “los salarios, o sea el rubro CERO”, cuando en verdad sale la misma plata o más, que va a parar a veces a manos que no la transfieren a sus obreros, sino que sacan su tajada como contratistas. En la lista de gastos salariales no figurará. Trampa. El pueblo igual pagará, quien perderá será el obrero que ganará menos, porque el empresario lógicamente se llevará lo suyo. Ideológicamente reprobable. Por el mecanismo y por la política del engaño. Mucho dinero se gastará “al cohete” y lo pagaremos todos. Los “amigos” del intendente agradecidos.

Se quejaban de cómo Lima lo gastaba con su gente, Albisu lo gastará con la suya; Juan Pueblo: “agua y ajo”. Ya votaste…  Descuento que de aquí en más podrá verse “obritas vistosas” (como dijera otrora Soledad Marazzano). Para pagar se gastará todo el producto de impuestos departamentales, aportes nacionales y del fideicomiso “de esclavitud”. Lamento que quienes ya sabíamos de eso ¡y lo dijimos! no fuimos creídos. Esa malaria no se arregla con carnaval y fiestitas populares… Mentime que me gusta.

Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte