La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

Yo no tengo ninguna expectativa con el gobierno de Yamandú Orsi, lamento decirlo como comentario de principio de año pero no puedo evitarlo. En diez meses de asumido el poder la izquierda tupamara es una decepción para propios y ajenos; resentida, rencorosa, reaccionaria con el legado de la CORE y Lacalle Pou que asoman como alternativas potenciales y probables para el futuro: ahí están los ejemplos de la polémica de las lanchas oceánicas en construcción o la marcha atrás con el Proyecto Neptuno.

La tradicional izquierda militante, también está desconforme, el gobierno no parece suficientemente popular y compañero, no encuentra ni destina recursos para los pobres y vulnerables, no le aplica impuestos a los más ricos de la sociedad, no tiene un discurso firme y concreto a favor de Palestina y en contra de Israel. Orsi hace gala de su amistad y respeto al ex presidente Julio M. Sanguinetti y tiene como ministro a un economista liberal como Gabriel Oddone. No se puede creer, el ideólogo del Cambio en Paz y el Ministro de Economía son del cuadro contrario, la izquierda parece dormir con el enemigo… ¡increíble!

Sin embargo hay un relato ambivalente. Lamentablemente en épocas de Lacalle Pou teníamos del otro lado, en Argentina, al peor presidente de la historia, el kircherista Alberto Fernández, proteccionista y mercosuriano a ultranza, pro Maduro y Cristina por igual. Imposible abrirse internacionalmente, forzar una puerta de la alianza sudamericana para comerciar con el mundo desarrollado con la contra de Fernández en Argentina y Lula en Brasil. En poco tiempo se cambió la pisada totalmente, en la vecina orilla ganó las elecciones Javier Milei, un economista liberal y libertario, abierto al mundo, pro Estados Unidos e Israel. Mientras tanto en Uruguay volvió la izquierda woke cumplidora de todos los rituales del progresismo latinoamericano, defensores del régimen de Maduro y aplicados alumnos de Lula da Silva en Brasil. Ahora la Argentina parece querer avanzar hacia afuera y Uruguay se vuelve a transformar en una remora del Foro de San Pablo. Otra vez perdimos el tren de la historia.

Estamos llenos de discursos grandilocuentes, un proceso legal voluntarista que se abandona en la mera palabra sobre la base de supuestas políticas públicas; que los niños indigentes, que las personas sin viviendas, las personas de la calle, los trabajadores desempleados, los bajos salarios y las jubilaciones ruinosas. Todo es verso inútil, por lo menos al nivel de buenas intenciones, porque se sabe que el camino al infierno está empedrado con todas ellas. Puro humo...

Por suerte para los uruguayos existe Gabriel Oddone, ojalá dure hasta el final y que finalmente sea la barrera contra el populismo izquierdista y las manías comunistas de Castillo y Abdala. Seguramente sea el delfín de los mercados y la garantía de la estabilidad y la seguridad jurídica del Uruguay, menudo trabajo le viene a cuestas. Fue increíble como manejó competentemente el presupuesto general de gasto e inversiones del país, como distribuyó los escasos recursos disponibles, como negoció exitosamente con la bancada oficialista y opositora, como se opuso a los gastos sin financiamiento, como no cedió a las pretensiones tradicionales de las corporaciones sindicales. Una tranquilidad el hombre, pero ¿Cuánto durará? ¿Quién vendrá después? Me aterra solo pensarlo…

Los demás juegan a gobernar, Oddone trabaja en serio. Nada de impuestos a la riqueza, no a manipular los despidos masivos de trabajadores por parte de las empresas, no a la reducción de la jornada laboral sin aumentar la productividad, no al gasto indiscriminado de subsidios y tarjetas alimentarias. Vamos a ver que pasa…

Comentarios potenciados por CComment

Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte