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Hace poco tiempo fue nombrado un nuevo jefe de Policía de Montevideo, el comisario mayor Alfredo Clavijo, que venían desempeñándose en la Dirección Nacional de Policía junto al salteño comisario mayor Azambuja. Fue, ni bien asumió, entrevistado por Desayunos Informales, programa de Canal 12 de la capital, donde dejó varios temas para analizar. Entre ellos el que hoy queremos tocar.

Marcó claramente la misión de la Policía Nacional, "nosotros estamos armados, formados, para reprimir el delito en todas sus formas (asumiendo por ejemplo el avance del ciber delito), pero también, en la medida que tenemos información, en lo que hace a la prevención del delito. Somos conscientes que por allí está lo nuestro. Pero hay un tema que nos sobrepasa y que la sociedad debe analizar", dijo. Esto es que hoy "tenemos 17.500 personas privadas de libertad, lo que es un número muy grande, muy pesado, a los que se suman unas diez mil personas con medidas sustitutivas" (en esto hace alusión a los primarios mayormente que al no haber violado una norma muy grave están con privación de libertad en el hogar, o pueden salir de día, o no pueden salir del país, o deben hacer trabajos comunitarios para alguna ONG o una intendencia). "Andamos alrededor de 28.000 personas lo que de por sí es claramente complejo" señaló el comisario mayor Clavijo y la verdad que tirados así los número dan miedo, para empezar.

Es un muy buen razonamiento del titular de la comuna capitalina, porque quiere decir que más del diez por ciento de personas mayores de edad en este país tienen problemas con la Justicia porque han seguido el camino equivocado. Pero además pensemos en todos los que han hecho una macana y no los agarraron o el que robó una bicicleta y sus dueños no hicieron la denuncia, o el que estafó y quedó todo tapado en una empresa privada o pública. En fin, da para pensar por qué tantos y tantos uruguayos en momentos de desarrollo económico, de mediano empleo, de auge de los sistemas educativos gratuitos, dan ese paso al delito. Porque todos somos conscientes que no delinquen solo los que están mal económicamente, sino muchos que "se tientan" o que no saben vivir de otra cosa y cuya forma de conseguir algo es sacándoselo a otro de la manera que sea.

Quizás una punta del ovillo, no la única, sea el manido tema de la viveza criolla, que muchas veces es lisa y llana un delito. Se toma como viveza escapar al control de una entrada de un espectáculo y pasar sin pagar. Eso es un delito. Un delito es el contrabando y todos lo tomamos como algo simpático que ayuda a bajar el costo de la canasta familiar.

A veces son faltas como cuando se descubre gente que en un empleo público falta por meses al trabajo arguyendo un montón de calamidades que no tiene y todos sabemos que es una persona sana que juega en al límite de una posible enfermedad pero además es una forma de reírse del que de verdad padece una patología y necesita el amparo de la ley.

Hace unos años se decidió cortar el camino con mercadería por el puente que une Paysandú con Colón en la República Argentina y ahí muchos chicos sanduceros se enteraron que el contrabando es un delito, pues lo tenían tan asumido el comprar del otro lado del río que no podían creer que eso fuera una falta a la norma. El Uruguay debe replantearse muchas veces las formas de convivencia, el "atajito" ante la ley, "la gauchada" que siempre reclamamos y que muchas veces roza el delito.

El tema da para más pero es una mirada muy interesante la que aporta el jefe de Policía.

 

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