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Para quienes somos humanistas no debería extrañarnos que los legisladores blancos y colorados hayan anunciado su voto negativo a la Rendición de Cuentas de la República. ¿Qué tanto importa esa Rendición? Nada tiene que ver con algunas que se han inventado otrora por
Salto, cuando un intendente colorado “rendía cuentas”, haciendo discursos sobre lo que no había hecho, porque el “gobierno nacional no le mandaba dinero”; que no venía porque ya se lo había gastado todo; con él se inició el endeudamieto más grande de la historia.

La Rendición de Cuentas es una ley, que anualmente el Poder Ejecutivo debe proponer al Parlamento; para ajustar gastos e inversiones, revisar distribución de dineros nacionales, según marchen las cuentas del país. A veces se puede mejorar y otras no, depende como haya
marchado Uruguay en el año que pasó.

Por múltiples razones la república ha debido revisar a la baja sus partidas o por lo menos mantenerlas o redistribuirlas. El país no creció, el mundo se complicó por guerras y matanzas, con repercusión en los tanques de combustible de tractores, camiones, taxis o motos de
reparto. El presidente NO se aumentó el sueldo como Lacalle en pandemia, pero las finanzas se deterioraron. Aunque Orsi y sus ministros anduvieran en bicicleta la cosa no cambiaría. No es culpa del gobierno, que aunque trabajara gratis, no arreglaría las deudas de la anterior
administración.

El equipo del presidente ha mandado una Rendición de Cuentas para cumplir al máximo con los objetivos centrales por los que el Frente Amplio pidió el voto: bajar la pobreza infantil, mejorar la seguridad, cuidar de la gente en la calle y atender mejor la educación. Eso tratará de lograrse redistribuyendo el dinero existente: sacando un poco de algunos lados y poniéndolo en aquellos que cumplen con los compromisos electorales.

No es una sangría a quienes se les recorta, ni una fortuna lo que se aumentan los recursos que se replantean. Pero es lo que puede hacerse dentro de lo que debe ejecutarse. Se cumplirá, por ejemplo con exoneración de IVA a los materiales de las cooperativas de vivienda; y con la readecuación de las prestaciones a las familias más pobres (las que tienen la mayor pobreza infantil). No son asuntos espectaculares; no se anuncian miles de cuadras de pavimento, ni rascacielos de inversores galácticos. Se camina por el sendero de la equidad posible.

Entiendo que blancos y colorados no voten la Rendición de Cuentas, porque no los representa; no garantiza el fortalecimiento obsceno de empresas privadas: atiende a los más infelices. Ese desequilibrio puede ser manejado sólo por el Frente Amplio, aunque desde adentro mismo
haya fuertes reclamos, en procura de más para los que tienen menos; no se puede mentir, lo que puede hacerse es lo que se propone. La pintoresca conferencia de prensa de legisladores de la CORE reflejó su pensamiento: los pobres (infantes, enfermos, desclasados) no son lo
suyo.

Aún los legisladores que son buenas personas, no votarán por ideología clasista. De paso tratan de golpear al presidente, que vive sin que lo mantenga el Pueblo, como hizo Lacalle…

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