“¿Por qué no te callas?”
- Por Leonardo Vinci
Hay gobiernos que arrancan con viento a favor y otros que parecen empeñados en pincharse las ruedas solos. El de Yamandú Orsi, a esta altura, parece decidido a practicar un nuevo deporte olímpico: el lanzamiento de salvavidas a funcionarios que se tiran al agua con una heladera atada al cuello. El caso de Collette Spinetti ya dejó de ser un simple traspié para convertirse en una postal perfecta de aquello que el gobierno prometía combatir. Porque una cosa es cometer un error y otra muy distinta es abrazarlo, defenderlo y sentarlo en primera fila.
Los audios conocidos en los últimos días son, por decirlo suavemente, una maravilla del mal gusto político. Allí aparece la jerarca repartiendo descalificaciones, hablando con un tono autoritario hacia funcionarios de su dependencia y despachándose contra el ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila, y el subsecretario Federico Graña, a quienes definió como “machirulitos gay”. Un hallazgo sociológico extraordinario: la discriminación inclusiva. El progresismo logró por fin inventar el agravio con perspectiva de diversidad.
Pero el problema ya no son solamente los exabruptos de Spinetti. El problema es la reacción oficial posterior. Porque cuando muchos esperaban un mínimo gesto de sensatez institucional, apareció el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, para respaldarla como si estuviera defendiendo a una heroína caída en combate y no a una jerarca cuestionada por su propio comportamiento.
Y detrás vino Orsi, también bancando la parada. Ahí es donde el asunto adquiere ribetes tragicómicos. Porque estamos hablando nada menos que de la Secretaría de Derechos Humanos. No de la dirección de un club de truco ni de la comisión organizadora de una kermesse barrial. Se supone que quien ocupa semejante responsabilidad debería exhibir, como mínimo, cierta templanza, equilibrio y respeto por los demás. No parece una exigencia desmedida.
Lo curioso es cómo algunos sectores del oficialismo descubrieron ahora que los modales importan… pero solamente cuando el acusado pertenece al cuadro rival. Si un jerarca de otro signo político hubiese tratado así a subordinados o lanzado comentarios de ese tenor, ya estarían convocando a una cadena nacional de indignación, tres marchas, dos observatorios y un seminario sobre violencia simbólica en la administración pública.
Mientras tanto, Spinetti no solo sigue en el cargo, sino que además parece blindada políticamente. Como si el mensaje fuera: “acá no pasa nada”. Y sin embargo pasa. Pasa que la credibilidad se erosiona. Pasa que la autoridad moral se evapora. Y pasa que mucha gente empieza a preguntarse si el criterio para integrar el gobierno fue la idoneidad o simplemente la afinidad militante.
Los nuevos audios conocidos terminan de completar el cuadro. Allí Spinetti opina sobre el propio presidente y lo define como “flojo, flojo mal”, lamentando que no pidiera asesoramiento. Después advierte sobre la presencia de Graña junto a Orsi con un inquietante “ojo ahí”. Parece más una interna de conventillo que una conversación entre jerarcas de gobierno.
A esta altura, la pregunta cae de madura. Si igual la van a mantener en el cargo, si todo se relativiza y se perdona, si nadie asume responsabilidades, tal vez haya llegado el momento de recuperar aquella célebre frase de Juan Carlos I dirigida a Hugo Chávez en la XVII Cumbre Iberoamericana: “¿Por qué no te callas?”