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Cada 17 de julio, Uruguay conmemora el Día Nacional de la Prevención del Suicidio. Es una jornada para reflexionar sobre una realidad dolorosa que atraviesa a nuestro país y no es ajeno en nuestro departamento. Detrás de una cifra hay una historia, familia, amigos y proyectos que quedan truncos para siempre.

Durante muchos años el suicidio fue un tema del que no se hablaba. El silencio, los prejuicios y el miedo terminaron convirtiéndolo en un tabú. Hoy, felizmente tanto el gobierno nacional como los gobiernos departamentales desarrollan campañas de sensibilización, promueven espacios de escucha y trabajan para que personas sepan que pedir ayuda no es debilidad, sino un acto de valentía.

Cuando alguien decide quitarse la vida, el sufrimiento no termina allí. Comienza para quienes quedan. Padres, hijos, hermanos, amigos y compañeros cargan con preguntas que nunca encontrarán respuesta. "¿Por qué no me di cuenta?", "¿Qué podría haber hecho?", "¿Hubiera podido evitarlo?". Es un dolor inmenso que deja heridas difíciles de cerrar.

Es importante comprender que el suicidio no resuelve los problemas. Por el contrario, multiplica el sufrimiento y deja una marca en quienes sobreviven. Meses atrás, durante una entrevista, una psicoterapeuta señalaba que quienes intentan quitarse la vida y sobreviven, en muchos casos, enfrentan consecuencias físicas y emocionales extremadamente graves. "Hay personas que quedan con secuelas, incluso cuadripléjicas. Lejos de poner fin al sufrimiento, este puede agravarse y sumar nuevas dificultades a una situación que ya era muy dolorosa".

Quien atraviesa una crisis de este tipo necesita ayuda, contención y tratamiento, porque generalmente está enfrentando un sufrimiento emocional que siente imposible de soportar. Los especialistas coinciden en que el suicidio es un fenómeno multicausal. No existe una única explicación. Pero hay señales que pueden alertarnos, cambios bruscos de comportamiento, aislamiento, regalar pertenencias importantes, escribir mensajes de despedida, alteraciones del sueño o una tristeza persistente. Ninguna de estas señales debe ser ignorada. Acercarse, escuchar sin juzgar y acompañar puede marcar la diferencia.

También es momento de preguntarnos cuánto nos falta comunicarnos mejor. Vivimos acelerados, pendientes de las pantallas y muchas veces sin conocer realmente cómo está la persona que tenemos al lado. Una conversación, una visita inesperada o simplemente preguntar "¿cómo estás?" con interés puede convertirse en el primer paso para que alguien se anime a expresar lo que siente.

Este problema no afecta únicamente a los jóvenes. También alcanza a adultos y personas mayores que muchas veces padecen la soledad, la pérdida de vínculos o la falta de afecto. No alcanza con un regalo en una fecha especial. Ningún obsequio reemplaza el valor de compartir tiempo, escuchar, abrazar y hacer sentir al otro que sigue siendo importante.

Uruguay registra una de las tasas de suicidio más altas de América Latina: 21,3 personas cada 100.000 habitantes, mientras que, en promedio, dos uruguayos se quitan la vida cada día. Son números que interpelan y obligan a fortalecer la atención en salud mental y el acceso oportuno a los tratamientos.

Hablar salva vidas. Escuchar salva vidas. Acompañar salva vidas. Que este 17 de julio no sea solamente una fecha de reflexión, sino el compromiso de construir una sociedad más cercana, más empática y más dispuesta a tender una mano cuando alguien más la necesita.

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