Replanteando la relación médico /
paciente (I)
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Por el Lic. Fabián Bochia
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fbochia@laprensa.com.uy
Hace unos días escribimos sobre el dolor que provocó en su momento el cruel, inexplicable y desgarrador crimen del médico Pablo Gaudín Camacho. Un muchacho sano, seguramente con todos los defectos del ser humano, pero que era queridísimo por sus pacientes que lo destacan por su condición muy humana. Como decimos Pablo habrá tenido errores, quién no, pero su muerte nos replanteó la relación médico/paciente. Sobre la que hay que volver a reescribir, no solo acá, sino en los manuales de deontología. Hay que elevar la mira y analizar muchas cosas.
Seguramente usted amigo lector ha visto esos chistes que circulan en Internet donde dice que en los años ochenta los padres retaban a sus hijos cuando fallaban en la escuela o el liceo y se ponían del lado de la institución pidiéndole mayor compromiso al chico. Y que en estos tiempos los padres se ponen del lado del hijo y se enojan con docentes e instituciones. Bueno, eso ha sido un indicador muy interesante que se traslada a otros espacios de la realidad. Por ejemplo a la salud, hoy la gente no tiene paciencia, hoy la gente no tiene tiempo ni tolerancia. Esa es la realidad, la gente se ha ido formando en que solo tiene derechos y que están para servirla. Los jóvenes de hoy se formaron en los derechos del niño, del adolescente, de que esto y aquello, pero nunca se le habló, o se le dijo muy poco, sobre las obligaciones.
Miremos a nuestro alrededor, la mayoría de las oficinas tienen policía contratada, seguridad por las dudas asumiendo que pueden tener problemas con los clientes. Hay seguridad privada en casi todos lados, hay guardias, hay cámaras, hay protocolos para todo lo que implica que la gente ha ido cambiando sus hábitos y con facilidad se le escapa la conducta y reniega de los hábitos morales. Hace un tiempo leíamos sobre una corriente literaria española y lo que pasaba cuando había reyertas en un espectáculo tipo teatro, y ante los problemas mandaban un policía, asumiendo que con la presencia del uniformado la gente se calmaba. Hoy va la policía, luego fuerzas especiales, luego carros con agua, perros, en fin, falta que se llame al Ejército Nacional para calmar a algunos.
Se viven situaciones complejas en todos los ámbitos, hoy los procedimientos de tránsito son respaldados por un montón de policías, a veces parece que van a detener a un narco y simplemente se están pidiendo documentos a los conductores de autos y motos. La sociedad va perdiendo la paciencia con ciertas cosas y se le salta fácil la correa.
Eso, lamentablemente, se traslada al mundo médico donde a veces, también hay que decirlo, se pasan de la raya. Lo que no justifica nada. Pero vayamos aun claro ejemplo, quien estos escribe hace unos años llevó a un familiar a la emergencia del Centro Médico y la doctora encargada demoró tres horas y cuarenta y cinco minutos en informar cómo estaba la persona atendida. Diga que uno mastica clavos, pero calentaba a un muerto. Nada justifica la violencia pero demorar casi cuatro horas para decir tres sandeces es al menos complejo en tanto cada persona que trabaja en la salud debe pensar que hay gente que espera con ansiedad información sobre si hay esperanzas de vida o no, nada menos.
De todas maneras el tema es más amplio y lo seguiremos profundizando, no sin plantear que hay que volver a educar a los pacientes para que tengamos la capacidad inexcusable del respeto hacia todos los actores como forma de mejorar la relación donde a la larga ganaremos todos. Nada justifica un insulto por eso es clave asumir que la capacidad moral debe ser la base de todo, desde todos lados.