Revólver en el cajón
- Por Facundo Esteche, edil Partido Colorado
El 5 de marzo de 1985, Enrique Tarigo tomó la presidencia del Senado y pronunció un discurso que no tenía nada de protocolar. Dijo, sin rodeos, que si la prepotencia de la fuerza volvía a disolver el Parlamento, no saldría del recinto sino muerto. Y que la última bala la reservaba para sí mismo. No era metáfora. Ese mismo día guardó un revólver y una cajita de balas en el cajón del escritorio vicepresidencial.
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