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Aprender del error para corregirlo y construir un mejor mañana. Que Montevideo vuelva a ser una de las grandes ciudades de América Latina. Se puede. Hay que animarse a pensar distinto, fuera de la caja, como dicen los jóvenes hoy.

El lunes se presentó el Centro de Estudios SEDE Montevideo, un think tank —así se llaman hoy estas usinas de análisis, diagnóstico y diseño de políticas públicas— que viene a llenar un vacío evidente en el debate capitalino. Lo dirige Virginia Cáceres: joven, mujer, abogada, talentosa y con una hoja de servicios sobresaliente. Fue Secretaria Letrada de la Corte Electoral y Presidenta de la ANEP. Pocas personas conocen Montevideo como ella: la estudia, la escucha, la mira y propone.

SEDE responde a las siglas de Saberes, Experiencia, Diálogo y Evidencia. Y eso fue exactamente lo que vimos en la presentación: representantes del comercio, ingenieros expertos en transporte e integrantes de colectivos vecinales expusieron saberes, compartieron experiencia, dialogaron y mostraron evidencia dura.

Lo más contundente fue el diagnóstico del error sostenido durante treinta años en tránsito y transporte. El caos ya no se limita a las horas pico: cubre casi todo el día. La explicación es clara: las sucesivas administraciones se ocuparon de los automóviles, después de los ómnibus, ahora de las bicicletas y los monopatines, pero nunca del ciudadano.

Se buscó agilizar el tránsito —sin lograrlo— y reducir los tiempos del transporte público —sin conseguirlo tampoco—. El resultado fue agravar el problema. Escuchar a Virginia y a los panelistas fue como si nos quitaran una venda de los ojos.

Los números son elocuentes. Si se agregan carriles y semáforos, lo que se hace es una política para que circulen más autos. Solo el año pasado se vendieron setenta y cinco mil vehículos en el país, y entre cuarenta mil y cuarenta y cinco mil nuevos automóviles se incorporan cada año a las calles de Montevideo. Resulta obvio que no alcanza con más carriles. A eso se suman los errores conceptuales del Corredor Garzón y los "ricarditos" de 18 de Julio y la Rambla.

No se puede limitar por decreto la venta de automóviles —son una pieza relevante de la recaudación, tanto por su comercialización como por los impuestos a los combustibles—. Pero tampoco puede ser estrategia casi exclusiva subsidiar dos o tres veces el transporte público: la producción subsidia el gasoil, la intendencia paga boletos calculados de manera ficta y se otorgan líneas de crédito generosas para el recambio de flota.

De la calidad del servicio se habla poco. De los tiempos de viaje, que crecen cada día, menos todavía. Hoy un trabajador montevideano pierde con frecuencia dos horas diarias entre la ida y la vuelta.

Identificado el error, hay que atacarlo poniendo a la persona —al ciudadano— en el centro. Eso implica desarrollar la ciudad por zonas: como graficó un panelista, de nada le sirve al comerciante del Centro que pasen miles de autos a alta velocidad sin detenerse. Implica también incorporar transporte moderno —tranvías, metros, trenes urbanos— tan atractivo que quien se acostumbró al auto encuentre allí un mejor servicio. Como ya ocurre en París, Londres o Buenos Aires.

Montevideo necesita liderazgos nuevos: con preparación técnica, mirada larga y coraje político. Virginia Cáceres reúne ese perfil. SEDE Montevideo es apenas el comienzo del camino que la capital, y el país, deberían animarse a recorrer.

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